Le
ocurrió a Michelle Bachelet en su segundo mandato (2014-2018), ampliado
como coalición gobernante al Partido Comunista (PC). Su gobierno debe
ser de los peores que ha tenido nuestro país en las últimas décadas.
Terminaron confundidos, peleados y separados de la Democracia Cristiana,
que llevó a Carolina Goic como presidenciable en 2017. Y esa historia
se repitió con el mandato de Sebastián Piñera, que finaliza hoy, porque
las segundas partes nunca fueron buenas. Desde
el estallido social se dejó en evidencia un desgobierno total. Durante
los últimos dos años estuvimos en frente de un Ejecutivo carente de
personalidad y con decisiones irresolutas. Piñera tomó resoluciones que
finalmente permitieron un desorden absoluto, con vandalismo, destrucción
y un caos generalizado que -por ejemplo en Magallanes se mantuvo
incluso en los meses de verano, cuando los viernes en la noche y
madrugadas de sábado se permitió hasta la quema de locales comerciales.
Piñera estuvo muy mal enfocado, con gabinetes que nunca tuvieron la
personalidad de encaminar el desviado rumbo que tenía el Mandatario y
con personeros que cometieron tantos o más errores que el mismo Jefe de
Estado. Y al alejarse de su programa de Gobierno terminó por tener una
alta oposición entre los mismos partidos gobernantes. No fueron capaces
de ponerse de acuerdo y de llevar alguna candidatura presidencial capaz
de convencer y de competir arduamente para no dejar el mandato
presidencial. El segundo mandato de Piñera quedará en la historia como
un barco a la deriva, sin una clara carta de navegación y facilitando la
labor de una oposición que perturbó al país aprovechándose del
desgobierno. En los últimos cinco años nos llenamos de delincuencia,
descontrol y el Estado hizo vista gorda con la complacencia del
Ministerio Público, que no acelera las causas por temor a los
antisociales. El problema de la migración partió en el mandato de
Bachelet -que avaló la llegada masiva de haitianos y dominicanos,
especialmente-y que dejó la puerta absolutamente abierta y Sebastián
Piñera en ningún momento fue capaz de ponerle el freno a un fenómeno que
se incrementó por el norte del país con el masivo ingreso irregular de
ciudadanos venezolanos.