Nadie
hoy en Chile discute que uno de los principales temas de interés
ciudadano es la reforma previsional. Actualmente son millones las y los
jubilados que reciben pensiones miserables que ni siquiera les alcanza
para cubrir sus necesidades de alimentación, pago de servicios básicos o
de medicamentos que, sabemos, son significativos en el caso de los
adultos mayores.
Tanto
en campaña como al asumir su cargo, el Presidente Piñera dijo que
cambiar esta realidad era su principal compromiso, pero hasta ahora las
señales desde el ejecutivo han sido débiles y difusas. Hace un tiempo
ya, el mandatario dijo que al sistema había que hacerle una cirugía
mayor, pero hasta ahora no ha dado ni para un parche curita. Las
palabras deben ir acompañadas de hechos concretos, que aún no hemos
visto.
Desde
la oposición hace meses hicimos una propuesta sería, modelada por
expertos previsionales y con datos proporcionados por el propio
Gobierno. En todos los escenarios las pensiones mejoraban de manera
razonable, pero los meses fueron pasando sin que recibiéramos una contra
propuesta del ejecutivo para comparar peras con peras y solo fuimos
conociendo trascendidos de prensa que, más bien, parecían querer
enredarnos en discusiones por los medios sin avanzar de manera efectiva.
El
martes de esta semana se concretó la salida del gabinete del ministro
de Hacienda, Ignacio Briones, quien había sido el principal interlocutor
para ir despejando los temas de la reforma de pensiones junto a la
ministra del Trabajo, María José Zaldívar. El ahora ex ministro dejó la
cartera para emprender una carrera presidencial por su partido, Evopoli.
Es una decisión del todo legítima, pero también hay que ser muy claros
en señalar que, si el ahora candidato hubiera contenido una semana más
sus ansías electorales, podríamos haber llegado a un acuerdo marco.
Posteriormente,
el día miércoles, el Presidente Piñera sostuvo una “reunión reservada”
con el presidente de la comisión de trabajo, Juan Pablo Letelier, para
ver cómo se destrababa la reforma, pero el tema volvió a caer en saco
roto. Al día siguiente, el jueves, que fue el último día legislativo de
este año, el Gobierno intentó que aprobáramos a las corridas, a la
rápida, un acuerdo marco. Obviamente, no estuve disponible para eso.
Lo
anterior es una breve descripción de una historia de meses donde lo que
verdaderamente ha faltado de parte del Gobierno es voluntad política.
Mirando en retrospectiva, queda la sensación de que esta administración
nunca ha querido avanzar de manera sincera en una reforma a las
pensiones significativa y que, más bien, pese a todo lo que ha pasado en
nuestro país, siguen apostando a mantener el negocio tal cual está,
protegiendo los intereses de los grandes grupos económicos y dejando de
lado a las personas.
Tal
como dije públicamente al ser consultada por la idea del Gobierno de
aprobar un acuerdo el último día legislativo, sin el concurso del nuevo
ministro de Hacienda -de quien tengo una buena impresión- me parece que
es poco serio. Pero más allá de esa falta de rigor mínimo, también queda
en evidencia una falta de voluntad de quienes creen que con maniobras
dilatorias podrán engañar a la ciudadanía con cambios estéticos a un sistema que se desmorona. Al final de cuentas, todo se trata de un tema de principios o, más bien, de carecer de ellos.