¿Será posible tanto amor?… Los nuevos “Cariñositos” de la política chilena…

En
un poema, para mi gusto magistral, el poeta chileno Gonzalo Rojas,
expresa: “¿Qué se ama cuando se ama, mi Dios: la luz terrible de la
vida/ o la luz de la muerte? ¿Qué se busca, qué se halla, qué/ es eso:
amor? ¿Quién
es?”… Preguntas que son, imagino para muchos, una inquietud constante, una búsqueda existencial… Por
allá están los que hacen lujo del amor a la Patria (exclusividad de
ninguna persona, raza, religión, ideología ni menos, pero mucho menos,
de algún sector político). Amamos a nuestros padres presentes y a los
que han partido los amamos en el recuerdo; amamos a nuestros hijos,
esposas, esposos, amigos, mascotas; en la religión, amamos al prójimo,
en fin, tenemos la capacidad de amar de muchas
maneras… En
literatura distinguimos tipos de amor, los griegos ya lo habían hecho y
en la psicología actual desarrollan tipos de relaciones: vacía,
romántica, sociable, etc. Uno de éstas llamó mi atención:
encaprichamiento (sólo pasión) y, claro, analizando un poco -disculpas a
mis amigos psicólogos por las imprecisiones-, me quedó dando vuelta
esto del encaprichamiento, esta relación sólo sustentada en la pasión
que -ya es sabido-, no siempre se hermana con la razón. Analicemos este
manoseado “amor por la Patria”: ¿en qué consiste amarla, existe algún
prerrequisito, alguna condición especial, hay que pertenecer a alguna
ideología en particular para profesar amor por nuestro país, vestir un
uniforme? Como millones de compatriotas, cada uno ama su tierra, su
pasado, sus ancestros, su historia. No se es más patriota que otros por
sólo profesarlo (vociferarlo, en estos tiempos) o porque pongas más o
menos imágenes de banderas en tus redes sociales como tampoco significa
ser antipatriota pensar distinto. Por estos días nos hablan del “amor”
los que antaño barrieron con este concepto e hicieron absolutamente todo
lo contrario a lo que significa amar: bombardearon, fusilaron,
dinamitaron, degollaron, violaron, arrojaron a compatriotas al mar y un
sinnúmero de barbaries que aún duelen en la memoria. Los que pregonan el
amor a la Patria son los que aplauden a los que sacan la madre o tratan
de #$%&/%…(no lo voy a escribir, no me da para tanto mi
irreverencia), pero se escandalizan porque alguien les dice que “se
golpearon la cabeza” (digamos que tampoco de una autoridad uno espera
declaraciones como
ésta)… Los
que profesan este tremendo amor que repentinamente les bajo por nuestro
país, son los que en el pasado (y nada más hace poco), saquearon sin
descanso nuestras riquezas, nuestras FFAA, perdonazos de toda índole,
los que decían en un mall capitalino “váyanse a sus comunas, rotos de
mierda”, los que se autoproclamaban dueños de playas y ríos, nada decían
de unidad, de respeto, de dignidad cuando la gente recibía miserias por
jubilaciones, los que ahora hablan y defienden la “propiedad y derecho a
la vivienda”, nada decían de las casas “Chuby”, de la miseria propagada
por nuestro suelo, del hambre, de la precariedad, nada
decían… Y ahora, que un 1% de la población ve como amenaza la instauración de derechos sociales, nos salen que por Amor, van a rechazar… La
verdad no les creo ni un céntimo, si no fuiste capaz de amar antes a
tus compatriotas, no te creo. Si caíste en la bajeza de arrojar huesos a
los familiares de detenidos desaparecidos (¡qué bajeza e infamia!), no
te puedo creer ni menos cuando ante tus ojos ha desfilado la miseria, la
falta de oportunidades y la injusticia y nada
dijiste… Eso
no es amor y tampoco lo será ahora: es encaprichamiento, es pura
pasión, es avalar que cierto grupo diga que el único chip válido es una
bala en la cabeza de un comunista (obvio, lo que no pensamos como este
1% y sus lacayos, somos todos
comunistas)… No
fue amor en el pasado y no lo será en el futuro de un grupo que siempre
(por encaprichamiento), se ha opuesto a la dignidad y a la solidaridad.
A estos “cariñositos” pocos les creen. Pura hipocresía. Para todos,
como siempre, un abrazo.

P.D.: menos para los “amorosos” repentinos y los “cariñositos” de la política actual y sus lacayos.

Así como decía que es tiempo de callar a las autoridades actuales, ya es tiempo que dejen de mentir.

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