Mala
cosa, vemos que la aprobación del Gobierno sigue bajando; con fecha de
ayer dos de mayo hemos visto una noticia en la página 19 del Pingüino
referida a un estudio de opinión de Pulso Ciudadano, sondeo que
establece que a fines de abril el Gobierno del presidente Gabriel Boric
obtiene una aprobación del 24,2%, es decir, 3,6 puntos menos que la
aprobación con la que contaba la primera quincena de abril, que ya era
baja, de un 27,8%; es decir, a estas alturas ya está sucediendo pero a
mayor velocidad lo mismo que sucedió con el Gobierno anterior; y desde
un punto de vista de la teoría política, de nuevo estamos ante un
problema no menor, cual es que si bien el Gobierno tuvo una legitimidad
de origen, por cuanto fue elegido democráticamente al obtener la primera
mayoría en las elecciones, a estas alturas y con esos niveles de
aprobación se está cayendo en una falta de legitimidad de ejercicio.
Lamentablemente el Presidente no contribuye en nada a remediar esa
situación, cae permanentemente en errores que lo alejan de la gente, que
lo alejan de las necesidades que la propia gente manifiesta, que según
el mismo pulso ciudadano son actualmente la inflación en relación al
alza de precios, la delincuencia, los sueldos y las pensiones, esas son
las cuatro que actualmente encabezan la tabla de posiciones, muy lógicas
por lo demás, y es lo que cualquiera de nosotros percibe también en la
calle o en cualquier conversación de carácter coloquial. La inflación y
alza de precios de bienes y servicios, de aquello con lo que se vive,
sin lugar a dudas constituye una gran preocupación de todas las
personas, ya que cada día sus ingresos alcanzan para menos; vale decir,
cada día con sus ingresos actuales a las personas les cuesta más
satisfacer sus necesidades, lo que significa en términos prácticos que
los sueldos reales sufren una baja producto de la desvalorización del
dinero, de modo que una buena forma de revertir la baja en la aprobación
de su gestión sería para el Gobierno adoptar medidas de política
económica que le permitan revertir el proceso inflacionario. Un segundo
elemento que siempre está presente, y en un nivel alto para la gente, lo
constituye el grave problema de la delincuencia y en distintos niveles,
pasando por la delincuencia narcoterrorista en La Araucanía, las
encerronas y portonazos y ciertamente un aumento de los distintos
delitos, y lo que es más grave un aumento en la intensidad y violencia
del delito, incluyendo la violencia de género. ¿Pero qué hace el
Gobierno? No se visualiza una acción seria contra la delincuencia; al
contrario, por una parte se deslegitima y se debilita la acción de las
policías y por otra las acciones siempre son en contra de las personas
que respetan la ley y no contra los delincuentes, como son los intentos
por modificar la Ley de Control de Armas, con lo que solo se afecta a
los ciudadanos respetuosos de la Ley, pero en ningún caso a los
delincuentes que así como no la respetan ahora, tampoco lo harán con
posterioridad. En nada colaboran a mejorar su aceptación declaraciones
como la formulada por el Presidente en el programa 24 Horas de TVN, en
que consultado respecto a si va a viajar a La Araucanía, respondió que
primero se tenían que generar condiciones para que el viaje sea seguro,
en circunstancias que las personas que habitan la zona no tienen esas
condiciones; al contrario, deben lidiar a diario con situaciones de
extrema violencia e inseguridad. Si hablamos de sueldos, sin duda el
tema también se relaciona con el problema inflacionario del que antes
hablamos, no tiene solo que ver con el sueldo mínimo, pero sí se debe
considerar que un alza en los sueldos puede también generar desempleo,
ya que las grandes empresas probablemente lo pueden afrontar, pero no
así las pymes, que para subir sueldos muchas veces les va a significar
sacrificar una plaza laboral, porque de lo contrario una pyme,
atendiendo a sus costos generales y a las condiciones de contingencia
general de la economía, podría estar expuesta a no ser capaz de
solventar el incremento. Pensiones es un tema complicado, pero no se han
dado ni soluciones concretas ni medidas que tiendan a mejorarlas, y es
claro que sin necesidad de terminar con las AFP, se podrían adoptar
medidas inmediatas para subirlas, como son bajar la edad de
sobrevivencia, bajar los costos de administración y sin duda dejar de
traspasar las pérdidas al fondo, sino que ellas deban ser absorbidas por
la respectiva administradora; con ello en poco tiempo las pensiones
podrían aumentar, pero no hay medida alguna que se avizore o que el
Gobierno pretenda implementar algo al respecto. Claramente hoy las
explicaciones sobran y lo que se deben adoptar son medidas claras y
concretas, que generen armonía entre la gente y no una mayor
polarización, ya que de lo contrario los niveles de aprobación seguirán
en caída libre y los cuestionamientos sobre la legitimidad de ejercicio
serán cada vez mayores.