Sindicato solidaridad, que venció al comunismo

El mes de agosto del año
1980 es recordado por el comienzo de las intensas movilizaciones que se
desarrollaron desde el Astillero de Gdansk, donde un líder poco
conocido, un electricista llamado Lech Wa?esa, tendría protagonismo por
liderar la unión de todos los trabajadores que eran oprimido bajo la
entonces Unión Soviética, la principal demanda era la necesidad de que
existieran sindicatos libres, hasta esos tiempos todas las
organizaciones de representación de base de los trabajadores, eran
controladas y autorizadas por el centralismo del otro lado del muro.

En
una Polonia, administrada por un mismo sector político durante los
últimos 35 años, que se encontraba sumida en un pésimo rendimiento
económico, y con una serie de privilegio para los militantes del partido
político gobernante, este fue el caldo de cultivo para que de los 35
millones de habitantes, 10 millones se inscribieran en el entonces
movimiento “Solidaridad”, que fue un estallido de patriotismo sin
precedentes, en parte se puede ver una directa conexión entre el alza de
los movimientos de protesta, en relación al nombramiento del sacerdote
polaco Karol Wojtyla, quien adoptó el nombre Juan Pablo II, y se
transformó en el Obispo de Roma, primera autoridad mundial de la Iglesia
Católica Apostólica y Romana, quien en 1979 acuño la frase “No tengan
miedo”, que significo una señal de esperanza para una población
perseguida por sus creencia religiosas por parte de el gobierno
totalitario del comunismo ruso presente en la entonces Polonia.

Fue
el mismísimo proletariado y mano de obra que realiza tareas primarias,
las que se volcaron a las calles en protestas contra un sistema político
que basa su cosmovisión en la protección de la defensa del trabajador,
pero que no satisfacía las demandadas más básicas de un trabajador,
tener ingresos que permitan más que la subsistencia, que se respete la
protección de los derechos laborales y que el trabajo no sea una amenaza
a la integridad física y psíquica del trabajador, de esta forma se
reconocía una identidad y patriotismo obrero polaco sin igual.

El
31 de agosto de 1980, se firmaba en el Astillero de Gdansk el acuerdo
que marcó un hito sin precedentes en la historia contemporánea de
Polonia y anunciaba el inicio de la futura caída del sistema comunista
en Europa.

Así
nacía un sentimiento obrero anticomunista que en base a la
manifestación pacífica, marcaría el inicio de nuevos cambios en la
relación entre Polonia y Moscú, que significó que los siguientes años
fuera Polonia, el primer país en tener un Primer Ministro no comunista,
sin antes reprimir fuertemente al Sindicato y en ese entonces Movimiento
Solidaridad, que se mantuvo en la clandestinidad entre 1983 a 1989, el
premio a esta reivindicación social, no solo fue su aporte al lograr la
libertad de la opresión comunista, fue también en que lo que sucedió en
Noruega en 1983 cuando Lech Wa?esa, que entonces estaba en prisión,
recibió el Premio Nobel de la Paz.

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