Sociedades Anónimas Deportivas: el cáncer del fútbol

“La
pelota no se mancha”, decía Diego. Palabras que marcaron una época
gloriosa que se ponía fin en una Bombonera llena en Buenos Aires. El
dios del fútbol despedía su carrera y se iba asumiendo todos sus errores
extrafutbolísticos. Ese día, Maradona nos devolvía nuevamente las ganas
de creer en ese fútbol de barrio, en el del esfuerzo y de una forma de
ganarse dignamente la vida. Después viene el humo del “amateurismo” y
todo lo que terminamos conociendo con Jadue y Sampaoli en Chile.

¿La
pelota no se mancha? Desde la venta de las acciones de Carlos Heller en
la Universidad de Chile, aún seguimos sin saber quiénes son los dueños
de una de las instituciones deportivas más importantes del país. ¿Qué se
esconde detrás de esto? En todo el mundo son conocidos los dueños o
mayores accionistas de los clubes.

En
nuestro fútbol nacional los nombres de Felicevich, Bragarnik, Nasur y
otros nos aparecen una y otra vez entre la primera y primera B. En su
mayoría siempre en las sombras y con títeres en los directorios que
votan a su conveniencia para repartirse el botín de la televisación del
fútbol, importando un pepino la competencia deportiva. Prueba de esto es
el paro del balompié por dejar a la segunda división sin ascenso
directo. Perdón por la coprolalia, un club de cabrones.

En
mi Colo-Colo, hace décadas, el Gobierno de Ricardo Lagos, acompañado de
Arturo Salah en el extinto Chiledeportes, con el senador Alberto Espina
en el Poder Legislativo y Sebastián Piñera en las tinieblas, preparaban
el desembarco de las sociedades anónimas en el fútbol. Fraguaron la
quiebra de la institución más importante del país; se enajenaron los
activos como el Teatro Monumental y la sede de Cienfuegos, para cuando
ya tomaron el control, e
ntre el 2006 y
2008, vendieron a todos los grandes jugadores formados por el Club
Social para llevarse los millones de dólares a sus bolsillos y matar de
una vez nuestro gran semillero.

Cuando
más tranquilos estábamos bajo la conducción de Edmundo Valladares, de
golpe y sopetón, vuelve uno de los bloques de poder a liderar un
“proyecto” que nos tuvo a minutos de descender de categoría por vez
primera.

Conclusión,
en Colo-Colo se sigue aumentando la deuda, no se le ha pagado un peso
al Fisco y la institución pasa por las más sucias manos como las del
dueño del cartel de confort y del ex Presidente de la República, que no
vamos a hablar de sus innúmeras caídas en el mundo de la legalidad y la
ética.

Sabemos
que en el mundo el fútbol se ha utilizado una y otra vez para la
política. El Madrid con Franco, Racing con Perón, Berlusconi en el
Milan, Macri con Boca y el ya mencionado Sebas
tián
Piñera con Colo-Colo, son solo algunas muestras de lo que genera este
deporte, que apasiona a millones de personas en todo el mundo, pero, por
sobre todo, mueve cientos de millones de dólares al baile de nosotros,
los hinchas.

Urge
que avance el proyecto de reforma de las Sociedades Anónimas Deportivas
en Chile. Yo no voy a caer en el romanticismo de que los clubes vuelvan
en su totalidad a las manos de la gente que ama sus colores, pero sí al
menos aspiro a un sistema mixto, donde se tenga una verdadera
representación en la toma de decisiones del mayor activo que tiene cada
equipo del fútbol chileno… Nosotros, sus hinchas.

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