Hoy
se cumplen 38 años del Tratado de Paz y Amistad con Argentina. Y la
Región de Magallanes y Antártica Chilena tiene mucho que decir al
respecto. Un merecido reconocimiento a la mediación papal es el que se
debe realizar. El Tratado de 1984 delimitó el denominado Mar de la Zona
Austral, que se inicia en el canal Beagle; fijó el régimen de navegación entre el Estrecho de Magallanes y puertos argentinos en el canal
Beagle y viceversa; estableció un sistema de solución de controversias
que no es posible de frustrar por las partes signatarias,
y convino en la formación de una comisión binacional permanente de
cooperación económica e integración física para facilitar el desarrollo
de intereses compartidos. Este gran acuerdo ha permitido el tránsito de
ambos pueblos por la senda de la paz y el entendimiento, dejando atrás
un episodio que los situó en el umbral de la beligerancia. Además ratificó
que Chile y Argentina están tradicional y profundamente comprometidos
con la cooperación bilateral y con la solución pacífica de sus
discrepancias. Alcanzar los acuerdos que actualmente obligan a las
partes fue una enorme y complejísima tarea, en momentos de gravísimo
peligro y de consecuencias imprevisibles para
el futuro de ambos países. Y por eso en este aniversario es justo
valorar la mediación de Juan Pablo II y de la diplomacia vaticana que,
junto con servir de instancia de pacificación, aportó propuestas que
sirvieron de base para los acuerdos suscritos. La Patagonia chilena y la argentina
son quienes más deben agradecer esto, ya que tenemos un sentido de
reciprocidad muy grande, el que se ve reflejado en nuestra diaria
convivencia.