Un desafío que es clave para nuestra historia y futuro

Sabemos que el desafío que debemos asumir no es menor, pero no hay reto suficientemente grande para un pueblo que ama su libertad, ese misma que nos ha permitido trabajar en conjunto por una sociedad más equitativa, pensando en un Chile inclusivo y con una fuerte presencia de sus regiones en las decisiones de país.

Hoy en día nos encontramos insertos en un período de polarización que por momentos nos atormenta con recuerdos de lo vivido previo a los quiebres de nuestra democracia. La desconfianza en las instituciones y la instalación de discursos de odio con fuertes tintes políticos extremos, pueden ser los síntomas cruciales para decretar a nuestra democracia como un enfermo terminal. Es deber de todos quienes amamos a Chile asumir el desafío de generar un re encanto con la política y las herramientas que ésta dispone para cambiar nuestra realidad.

El debate político debe aspirar a mejorar nuestra democracia de su enfermedad, pues en nuestras manos se encuentra su destino. Por diferentes razones, en Chile, los que han asumido funciones públicas a clase han generado en parte de la ciudadanía una fuerte crítica respecto a la aparente “imposibilidad” de contar con acuerdos en el futuro de nuestra patria y sus altos destinos. 

Esta imagen tiene cierto sustento en la aspiración de algunos políticos que han tratado de imponer proyectos excluyentes, sin diálogo ni visión de Estado, fomentando consignas como la “retroexcavadora” como soluciones únicas para las problemáticas que nos afectan. Sin embargo, para comenzar a trabajar por el Chile de nuestras futuras generaciones, con mirada de futuro y progreso, el camino es muy distinto. La historia de nuestra república nos lleva a concluir que debemos buscar “puntos de convergencia”.

Para esto es necesario generar una nueva mayoría social en Chile, la cual debe considerar una ciudadanía activa y en movimiento, pero también lograr que las coaliciones políticas existentes, y así también las futuras, sean capaces de identificarse con las temáticas de los ciudadanos, comprendiendo su sentir, sus sueños y esperanzas, centrándose en el bien común y no en luchas inútiles y debates inertes que no nos permiten crecer. 

Es necesario revivir diferentes experiencias políticas de nuestra historia, tal como fue la denominada “política de los acuerdos”, que permitió hacer crecer nuestro país con una visión política de generosidad, servicio público y construyendo el futuro, buscando el bien superior del país por sobre intereses partidistas. Ese mismo espíritu y vocación de generosidad que debemos asumir al pensar que nuestras acciones de hoy van conformando el Chile del mañana. 

Hoy debemos tomar acción y buscar un diálogo fraterno, por Chile y sus habitantes, construyendo en unidad y con nuestras legítimas diferencias lo mejor para la Patria y sus altos destinos, que guiada por principios trascendentes nos brinda una nueva oportunidad de crear nuestro destino de progreso. 

Es evidente que este es un gran desafíos, que debemos construir tanto desde la sociedad civil, la ciudadanía activa y las coaliciones políticas, pensando en el porvenir de Chile y su progreso, tomando en cuenta los puntos que nos unen y construir las mejores posibilidades para nuestra Patria

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