En
un país donde la seguridad, la migración y la creación de empleo
deberían ser prioridades absolutas, es sorprendente y preocupante
observar cómo algunos de nuestros parlamentarios eligen enfocar su
tiempo y recursos en proyectos que parecen desprovistos de toda urgencia
para la ciudadanía. La reciente propuesta del diputado Jorge Brito (FA)
de incluir la consideración del estado “físico y mental” de peces,
crustáceos y moluscos en la Ley de Pesca es un claro ejemplo de esta
desconexión.
Mientras
los ciudadanos enfrentan problemas reales y urgentes, como el aumento
de la delincuencia, la crisis migratoria y la falta de oportunidades
laborales, nuestros legisladores parecen estar ocupados en debatir si
los peces tienen sentimientos. No es que el bienestar animal no sea
importante, pero en el contexto actual de Chile, ¿es esta realmente la
prioridad que debería guiar nuestro debate legislativo?
El
diputado Brito defendió su moción señalando que los peces “son más que
números y toneladas”, y que tienen personalidad, pensamientos e
intereses. Sin embargo, estas afirmaciones, que recogen iniciativas de
la Fundación Veg, parecen ignorar las dificultades diarias de los
pescadores artesanales, quienes ven su sustento amenazado por problemas
mucho más tangibles, como las cuotas de pesca y los depredadores
marinos.
El
diputado Mauro González (RN) expresó una preocupación legítima al
recordar que debemos enfocarnos en los problemas que enfrentan los
pescadores, quienes dependen de esta actividad para vivir. Criticar
propuestas que podrían complicar aún más la pesca artesanal es
necesario, sobre todo cuando éstas no ofrecen soluciones reales a los
problemas existentes.
Resulta
indignante ver cómo se pierde tiempo y dinero en debates que no
representan una urgencia para el ciudadano común, mientras que temas de
vital importancia quedan relegados. La seguridad ciudadana, por ejemplo,
es una preocupación constante. La gente clama por medidas efectivas que
les permitan vivir sin miedo. La crisis migratoria también demanda
atención urgente para garantizar una integración ordenada y beneficiosa
para todos. Y la creación de empleos, fundamental para la estabilidad
económica y social, debería ser una prioridad ineludible.
Pero
parece que estos temas no son relevantes para algunos de nuestros
parlamentarios. Es como si vivieran en una burbuja, ajenos a las
necesidades y demandas de la ciudadanía que les paga el sueldo. Esto no
es solo una burla, es una traición a la confianza que se les ha
depositado.
Es
crucial que nuestros jóvenes reciban una educación cívica adecuada para
que, en el futuro, puedan elegir líderes que realmente se preocupen por
los temas importantes. Necesitamos políticos con una visión clara de
las prioridades del país y comprometidos con mejorar la calidad de vida
de los ciudadanos. Solo así podremos garantizar un futuro mejor para
todos.
En
resumen, la desconexión de algunos parlamentarios con las verdaderas
necesidades del país es alarmante. Mientras se pierden en debates sobre
el estado mental de los peces, los problemas reales de la ciudadanía
siguen sin resolverse. Es imperativo que reorientemos el debate
legislativo hacia temas que realmente importen y que trabajemos juntos
para construir un Chile más seguro, próspero y justo.