Una nueva Convención Constitucional: ¿vuelve la pesadilla?

Es
preocupante el hecho de que se pretenda hacer un nuevo proceso
constituyente. ¿Cómo es posible caer otra vez en el mismo error, después
de ser testigos del circo que hicieron los, ahora, ex constituyentes,
ese grupito que se preocupó de beneficiarse a sí mismos?

Todos
sabemos el costo que significó desde el punto de vista económico, la
instalación de esa Convención Constituyente, del despilfarro de recursos
que, de una u otra forma, son de todos los chilenos. ¿Acaso no fue
suficiente todo el espectáculo que presenciamos con la primera CC?
Parece que muchos no entienden nada y están dispuestos a repetir el
modelo, con tal de que su condición no se vea afectada y seguir
obteniendo beneficios.

Tenemos
que estar en estado de alerta, mirando, escuchando, informándose de lo
que varios quieren hacer. Poco a poco, veremos cómo en el Congreso se
comienza a armar la cocina, donde entre cuatro paredes, terminarán por
definir los destinos de Chile.

Nadie
puede mirar el escenario político de reojo, como si con una nueva
Convención Constitucional no pasara nada. Todo lo contrario, sí pasa y
uno de los mayores efectos es la inestabilidad económica que este
proceso genera.

Está
claro y pudimos palpar que la ciudadanía se da cuenta de que la empresa
privada no va a invertir en un país que está en medio de un proceso
constituyente. Es demasiado el riesgo que se corre, no hay ninguna
lógica en invertir cuando la economía se cae a pedazos.

Es
hora de que nos preguntemos: ¿el pueblo de Chile está dispuesto
nuevamente por uno o dos años a enfrentar, otra vez, la inestabilidad
económica que se va a alargar e intensificar?

No
es el momento económico, a nivel mundial la economía está enfrentando
un gran problema y Chile también. Se nos viene una recesión muy
importante como para estar pensando en un nuevo proceso constituyente.

Nuestra
Constitución, mal dicho que sea la de Pinochet, porque no olvidemos que
la actual Carta Fundamental fue firmada por Ricardo Lagos y otros. No
hay firma de Pinochet ahí. Y esa misma Constitución puede ser
modificada, pero no necesitamos hacer una nueva.

Y
en los últimos días, hemos visto cómo de manera desesperada los
diputados, senadores, jefes de bancada y presidentes de partidos
políticos se comenzaron a reunir para definir los márgenes, los
lineamientos de un nuevo proceso constituyente. Están en una carrera
contra el tiempo.

Hasta
ahora y luego de la primera reunión del miércoles en el Congreso, no se
ha definido cuál es la fórmula por la que se inclinarán los
parlamentarios, pero se barajan algunas alternativas: la primera de
ellas es una nueva Convención Constituyente, otra idea es la
conformación de un equipo técnico.

Sabemos,
en todo caso, que la balanza se va a inclinar hacia la formación de un
nuevo proceso constituyente y que como están tan apurados, ya han
empezado a hablar de que todo el proceso termine en septiembre de 2023.
¡Así de rápido quieren avanzar!

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