Viejito Pascuero… Acuérdate de Chile…

Enmarcados en esta supuesta “vuelta a la normalidad” y el tsunami de consumidores (estudiada, programada, por cierto), resulta increíble constatar que a un sector del país la gente les importa un comino… Después del gasto que ya hemos normalizado en estas fiestas, volveremos a la realidad del año: el confinamiento. No por nada se produjo esta apertura a la cuarentena a sabiendas que son fechas en donde el consumo promedio (exista o no dinero) se duplica -y más- y que después de las visitas a centros comerciales, tiendas, supermercados y cuanta feria se les ocurra levantar para estas fechas y gastado todo el dinero posible, nos volverán a encerrar. El negocio ya está hecho y ahora sigan arreglándoselas como puedan… quedó como cosa del pasado eso del “aforo”, la cantidad de gente por metro cuadrado y lo de la distancia social y uso de mascarillas de fue, como decían los antiguos navegantes, al carajo… Nos devela también esta época lo que somos, lo que hacemos y en qué nos hemos convertido como sociedad: estamos atrapados por el consumo y no existe ninguna educación al respecto que frene esta condición social… Somos consumidores, cosificamos la felicidad, atrás quedó la alegría sana solo de juntarse, de estar, el obsequio sencillo, el auto o camión de madera o la pelota de goma o fútbol que era para todo el barrio y que era una felicidad compartida. Ahora caímos en el individualismo, en la competencia descarnada, en el ascenso sin valores, sin ética y la moral, esa palabra que viene de “mores” que significa costumbre, quedó rezagada en esta batalla por comprar… Tenemos un desafío enorme, una tarea titánica por cambiar los paradigmas sociales que nos han instalado, primero a la fuerza, y después por uso. Nuestra sociedad no alcanzará nada superior, trascendente si seguimos tal como nos comportamos en la actualidad: ¿qué estamos construyendo para nuestros hijos, nietos, para los que queden cuando ya no estemos? ¿Quieres que tu hijo o nieto prefiera el último dispositivo electrónico más que el abrazo y el beso sincero? No estamos educando afectos, no estamos educando lazos, no estamos edificando seres humanos sino autómatas, simples máquinas, simples perros de Pavlov que salivan ante el estímulo de la vitrina, del comercial, de la oferta de temporada… Sé que muchos no están en esta lógica, sé también que somos minoría, pero también tengo la certeza, esa convicción profunda que todo lo grande surge de lo pequeño y que en el seno de cada familia cambiando poco a poco, podremos volver a encontrarnos con el regalo de la familia, de la amistad, de los afectos, de una mesa sin tantos lujos y sé que algún día, “más temprano que tarde”, volveremos a los abrazos como el mejor regalo y al ver a tu madre, a tu padre, a los que están y no están, podremos decir con el corazón despojado de las cadenas que arrastramos, que es más importante la presencia del ser amado que el obsequio envuelto en llamativos papeles y cintas y quizá, como cantaba Lennon, se haga realidad eso de “I’m a dreamer, but I’ m not the only one”. Para todos, como siempre, un abrazo.

P.D.: menos para los que no sueñan…

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