Era
mediodía y afuera una lluvia tenue azotaba a Punta Arenas. Paula
Ramírez, sentada en el living de su departamento, la oía a lo lejos con
profunda tristeza, pues al lado de ella, también llovía.
A sus pies, una veintena de recipientes
plásticos, ollas y otros utensilios se extendían tratando de contener
la infinidad de goteras que caían desde el techo del condominio,
conducidas por un tubo que atraviesa el costado norte del edificio. Días
antes, el techo del condominio Las Brisas del Sur II entregado hacía un
año y medio, se había desprendido espectacularmente azotado por
descomunales vientos de 111 kilómetros por hora, sorprendentes pero
también nada inusuales en la realidad extrema de Magallanes.
Ahora,
mientras los trabajadores de Salfa avanzaban arriba en las
reparaciones, el agua de la lluvia se extendía desde las siete de la
madrugada por un piso flotante que Paula y su familia se habían esmerado
en instalar, pero que ahora estaba condenado a arruinarse.
También lo estaban las paredes, recién cubiertas por un hermoso
decomural de ladrillos. “Las paredes están llenas de agua y de la
empresa me dijeron que van a tener que sacarlas por completo”, nos dice
su marido.
– ¿Cuánto tiempo ahorraron para tener este departamento?
“Ocho, diez años, mi esposa fue la que postuló, ella sabe”, nos contesta.
Pero
no fueron ocho, ni diez años, los que ella esperó por tener su
vivienda. “Yo estuve esperando 23 años por este departamento”, revela
en forma sorprendente. “En algún momento tuve que devolver subsidios
porque con ellos no me alcanzaba para comprar una casa con los precios
que hay en Punta Arenas. También estuve en una agrupación donde la
persona encargada se llevó los dineros y de ahí tuve que cambiarme de
agrupación. Por eso, cuando recibimos el departamento que a uno se lo
entregan con lo básico no más, invertimos todo lo que pudimos para que
esto quede lo mejor posible, pero ahora todo se dañó en un par de horas
con el agua y eso es lo más triste, ver todo destruido”.
Y
si su experiencia fue dolorosa y dramática, la de sus vecinos, situados
un piso más arriba, fue horrorosa, pues vieron como el edificio se
desprendía hacia el cielo por las ráfagas de viento.
Los videos captados por vecinos (ver foto) captan
el momento en que el enorme techo se suspende por un instante en el
aire y luego cae pesada y peligrosamente sobre el edificio hasta quedar
parcialmente derrumbado sobre uno de los costados de la estructura. Todo
ello, ante el espanto de quienes veían la escena desde la calle y los
edificios cercanos.
Lo
peor y más increíble de todo es que lo ocurrido con este edificio venía
a sumarse a una seguidilla de graves falencias, que afectaban
únicamente a construcciones nuevas. Semanas antes, un galpón industrial
había sido lisa y llanamente desgarrado por el viento magallánico y
otras techumbres llegaban volando hasta la costanera, arrastradas por la
fuerza eólica propia de esta tierra del fin del mundo…
Mientras
tanto, las antiguas viviendas levantadas por modestos pero dedicados
maestros magallánicos, muchos de ellos sin los títulos y posgrados de
los arquitectos e ingenieros de Salfa, resistían sin dificultad los
vientos huracanados de la zona, brindando seguridad y confort a sus
habitantes, como un premio al cariño y esmero puestos en su
construcción.
Cuanta
diferencia con la actitud de los profesionales que, desde otro
departamento allá en la capital, seguramente lleno de vidrio en lo alto
de una torre antisísmica y enorme con vista al valle de Santiago apenas
distinguible allá abajo, diseñaron la desgracia de éstas y otras muchas
familias que hoy viven con miedo en Punta Arenas, ante la llegada del
próximo temporal.
Y
es que lo que más sorprende e indigna es que estos daños no afectan a
una empresa constructora foránea recién llegada a Magallanes, cuyos
profesionales tal vez presionados como siempre por los costos y la
rentabilidad y pecando de inexperiencia en la zona, pudieron haberse
equivocado de buena fe, en las características y cálculos de la obra.
No,
no fue eso lo que sucedió. Esto le ocurrió a una empresa que lleva años
en la zona con una presencia, a ratos casi monopólica, y que debiera,
si le interesa, usar esa experiencia y aprovecharla no para ahorrar
costos para aumentar sus ganancias, sino para ofrecer las mejores
soluciones posibles a las características de esta zona y al servicio de
sus habitantes.
Pero
no es eso lo que dicen destacados arquitectos de Magallanes que ven
cómo, en cambio, se generaliza en Punta Arenas el uso del metalcom para
ahorrar costos y se pasa por alto consejos tan sencillos y conocidos por
los maestros de la zona, como usar costaneras de lenga y no de pino,
evitar los tornillos en las costaneras y en su lugar usar anclajes con
pernos tipo L…
“No
hacen falta nuevas normas, lo ocurrido es simplemente una mala práctica
constructiva. Todo ya está normado”, dice el arquitecto Dante
Baeriswyl. “Creo que sería necesaria una circular del Ministerio de la
Vivienda para Magallanes, pues en Santiago puede ocurrir que alguien
pase por alto el efecto que tienen vientos de más de 100 kilómetros por
hora, como los que se viven en Punta Arenas”, agrega el arquitecto Juan
Pablo Jainaga, quien admite, sin embargo, que hay costos de urbanización
todavía no cubiertos por el Gobierno Regional, sobre todo en el caso de
estos edificios. “Sería bueno, porque aquí lo tenemos todo en contra,
malos suelos, altos costos de transporte y materiales y vientos
huracanados”.
Finalmente,
fue el alcalde de Punta Arenas, Claudio Radonich, quien se reunió con
el gerente General de Salfa, Cristóbal Bascuñán, para exigirle poner
manos a la obra e iniciar una revisión a conciencia de todos los
edificios construidos en Punta Arenas, ¡en los últimos 10 años!
Gracias
a ello más de 70 edificios de Punta Arenas, incluido el flamante
condominio Prat con sus 120 departamentos entregados el martes, serán revisados durante las próximas semanas por una comisión mixta del municipio y la empresa.
El
gesto se agradece porque revela que, a pesar de todo, la empresa quizá
esté tomando conciencia de la gravedad del asunto. Y esto último es
fundamental porque, a fin de cuentas, si nuestro país ha podido levantar
edificios que han salvado miles de vidas en los terremotos que azotan a
Chile, ha sido principalmente por la conciencia de los profesionales
que los diseñan, antes que por la capacidad, por demás mínima, del
Estado de poder fiscalizarlo todo.
El
cambio climático está en marcha, recordó públicamente el presidente
regional de la Cámara Chilena de la Construcción, Carlos Braun, a
propósito de este hecho, remarcando que eventos extremos como el
temporal del pasado jueves 12 de agosto, continuarán con mayor frecuencia y quizá, incluso, con mayor fuerza.
Ojalá
que para entonces, Salfa y otras empresas constructoras hayan tomado la
conciencia necesaria para evitar que el próximo temporal no se salde,
esta vez, con víctimas fatales entre los magallánicos.