Detenerse a
saludar y conversar con un conocido se convirtió en una decisión que le cambió
el destino. Así lo reconoció ayer un joven acusado de homicidio frustrado,
quien enfrenta juicio arriesgando una
pena de siete años de cárcel.
Alfonso Garrido Levill declaró
ayer en audiencia, recordando los momentos que terminaron por llevarlo a la
cárcel: “Ese día salí a jugar a la pelota y con unos amigos fuimos a tomar una
cerveza. Al pasar por el Cerro de La Cruz había como diez personas, entre ellos
estaba uno que conozco porque trabajamos juntos en Puerto Williams y le
pregunté cuándo había bajado y cómo estaba la pega. Ahí mi amigo le pidió un
poco de vino y terminó la conversación, en eso saltó el Santibáñez Serón y me
pide plata, empezamos a discutir y me dijo que me iba a apuñalar. En eso veo
que sacó un cuchillo, le mandé un combo y se tiró contra mí y me apuñaló y nos
caímos y los otros me empezaron a pegar y le grito a mi amigo que me estaban
matando. Como estaba encima mío lo empujé y lo apuñalé para salir corriendo, no
me di cuenta cuantas puñaladas le hice porque estaba asustado porque estaban todos
encima mío”.
Garrido Levill fue llevado a
juicio por los hechos que ocurrieron alrededor de las 4 horas de la madrugada
del 26 de agosto del año pasado, en circunstancias que la víctima Matías
Santibáñez Serón, de 19 años, se encontraba con su pareja y otras personas en
calle Señoret a la altura del número 1148 de Punta Arenas, lugar donde llegó el
acusado acompañado de otro individuo, sosteniendo una conversación que terminó
en una discusión que llevó a un forcejeo y a la agresión a Santibáñez, quien recibió
al menos siete estocadas en la zona del tórax.
El herido fue trasladado al
Hospital Clínico de Magallanes, mismo recinto al que llegó el acusado, donde
fue reconocido y detenido.
El herido resultó con neumotórax
y heridas cortantes en la zona torácica, que sin atención médica oportuna
hubiesen sido mortales, según lo señalado en la acción judicial.