“Soy colombiano y voy
a cumplir dos años viviendo en Punta Arenas, y lo que me pasó fue muy
grave, esto mantuvo preocupada a toda mi familia y amigos. No me gustó
que se repita el juicio, pero espero que nuevamente sea condenado de una
vez por todas. Acá también hubo un ataque racista en mi contra, porque
me dijeron muchas cosas y también a mis amigos. Nos decían nos fuéramos
de Chile, negros. Nunca tuve este tipo de problemas, tuve una lesión
grave en la zona abdominal. Estaba trabajando y en el colegio, y tuve
que faltar más de un mes porque no podía caminar, tenía reposo y después
que me dieron el alta tuve que volver al hospital”. Estas fueron
algunas de las declaraciones que entregó el joven colombiano de actuales
20 años, Carlos Caizedo Vásquez, quien tuvo que enfrentar a su agresor
en la repetición del juicio en el Tribunal Oral en lo Penal de Punta Arenas.
Cabe
recordar que el juicio debió repetirse, luego que el abogado defensor
penal adolescente, Richard Maldonado, llegó hasta la Corte Suprema
alegando que el fiscal del caso actuó ilegalmente.
En
su declaración, la víctima agregó que “no tengo temor pero estoy aquí
para que no le vuelva a pasar esto a otra personas y quiero que lo
condenen porque como me pasó a mi le puede pasar a otra persona. Declaré
los hechos como sucedieron, estaba en la disco con mis amigos
colombianos que somos alegres y en un momento nos topamos, pero ya nos
estaban buscando problemas y en un baño habían dos amigos de él, y me
dicen que nos vayámos y a la salida nos rodearon todos ellos, me toman
del cuello y me intentan pegar y al no dejarme pegar se nos vinieron
todo ellos, que eran muchos”.
El
recurso de nulidad deducido en la Corte Suprema a favor del joven
iniciales D. V A. invalidó la sentencia del 4 de agosto pasado y el
juicio oral respectivo que lo condenó a cumplir la sanción de
internación en régimen semicerrado con programa de reinserción social
por el término de dos años, en su calidad de autor del delito de
homicidio simple en grado de frustrado, perpetrado
en Punta Arenas el día 19 de julio del año 2016. “La prueba de cargo
llevada a juicio por la fiscalía estaba contaminada ya que el fiscal de
la causa durante el desarrollo del juicio el día 26 de julio pasado se
reunió con la víctima y dos testigos en la Fiscalía local para preparar
sus interrogatorios posteriores, comunicándose después telefónicamente
con otra testigo, quien declararía en la modalidad de video
conferencia”, explicó el defensor. Dicha actuación -añadió- infringe lo
dispuesto en el artículo 329 del Código Procesal Penal por ser
atentatoria contra el debido proceso. Lo anterior fue, incluso,
evidenciado ante a los jueces del tribunal, en el mismo juicio. Sin
embargo, rechazaron dichas alegaciones.”
Ante
esto, el fiscal del caso, Oliver Rammsy, señaló que “la Corte Suprema
estimó que mi actuación no había sido adecuada, señalando que me había
entrevistado con los testigos iniciado el juicio, lo que en la misma
sala se falló que no era así. Nosotros no compartimos eso, ya que la
prueba se acogió completamente. Creemos también que concurre la causal
de racismo o resentimiento por ser persona de color. El fallo anterior
fue condenatorio y no se consideró esta última causal, pero ahora
esperamos que se considere”.
El
imputado fue llevado a juicio por los hechos ocurridos el 19 de julio
del año pasado, en circunstancias que la víctima, el joven colombiano de
ese entonces 18 años, se encontraba al interior de una discoteca
ubicada en calle Bories con calle Croacia en compañía de su hermano y
otros amigos. En esos momentos el menor imputado de iniciales D.A.V.A.,
de 17 años, pasa a golpear con el hombro a la víctima, mostrándole un
arma cortante e increpándolo por su color de piel y nacionalidad,
señalándole que en las afueras del local lo iba a agredir.
Minutos
después el imputado le propinó una certera estocada en el abdomen,
momento en que los otros acompañantes del imputado le propinaron golpes
de pies y
puños y lo agredieron con una botella. Tras esto, el grupo de amigos de
la víctima lo subió a un vehículo y lo trasladó al Hospital Clínico de
Magallanes, donde se le diagnosticó una herida penetrante abdominal,
doble perforación del duodeno y perforación de la vesícula biliar,
lesiones graves que obligaron a una cirugía para salvarle la vida.