“El Gobierno invita a todos a ser Pyme y no ve cómo se mantienen”

Cuando las cosas salen mal, salen mal todas juntas. Bien lo sabe la familia
de Daniel Enrique Trujillo Silva, quienes, en mayo pasado, atravesaron por una
de las crisis más importantes de su historia, luego de un incendio que consumió
por completo su fuente de sustento, el tradicional local “Chumanguito”, que se
instaló hace más de 30 años en la Población 18 de Septiembre.

A las pérdidas que generó el siniestro, se sumó, pocas semanas después, la
muerte: la esposa de Daniel Trujillo perdió a su madre, que llevaba mucho
tiempo sometiéndose a diálisis.

No sería el último golpe: el hoyo financiero que generaron las llamas
también complicaron a dos de los hijos del matrimonio que estudiaban en
Argentina, quienes tuvieron que volver a Chile para trabajar y espera retomar
sus carreras durante este año.

Pero Trujillo siguió con la frente en alto. “Uno no está acostumbrado a
golpear puertas ni pedir nada”, dice. “El espíritu del Pyme es salir adelante
solos. A nosotros nos costó bastante”.

Y les costó, a pesar de que solos no estaban. Los vecinos y amigos que
vieron nacer y crecer al tradicional almacén fueron parte importante de lo que
logró volver a ponerlo en pie.

“Los vecinos hicieron dos bingos, que organizó la junta de vecinos. Después
se intentó hacer un beneficio más grande, en la Asociación de la 18, pero
después no lo pudimos sacar adelante, porque se empieza a enfriar el tema y el
apoyo ya no es el mismo”, relata.

La ayuda de vecinos y amigos se hizo necesaria en momentos en que las
autoridades brillaron por su ausencia.

“Yo podría dar una crítica no mal intencionada, por toda la gente que está
en el comercio detallista y en las Pymes”, dice el comerciante, “A mí la
intendencia, o la gobernación o la municipalidad no me ayudaron, porque era
comerciante. En ningún lado nos abrierón puertas por el hecho de ser
comerciantes, como si fuéramos una plaga. La gente que está trabajando en esas
organizaciones tiene que ser más concreta. El Gobierno invita a todos los
chilenos a ser Pyme, pero no se preocupan de cómo se mantiene en el tiempo”.

Sobre las causas del fuego que le quitó su negocio y las carreras de sus
hijos, dice Trujillo, no vale la pena filosofar. No había seguros
comprometidos, por lo que, una vez que se apagaron las llamas, sólo quedaba
reconstruir.

“Bomberos dice que fue por un horno. En lo personal, nosotros no nos quisimos
desgastar en saber por qué fue, porque no había seguro y no quisimos ser
masoquistas”, sostiene el pequeño empresario. 

Hoy, con las puertas reabiertas, Trujillo espera seguir escribiendo la
historia que partió hace 31 años. “Ser comerciante es una aventura de principio
a fin. A muchos los ha pillado la muerte en su negocio. Nosotros estamos
naciendo de nuevo, porque somos parte del barrio. Mi nieto es la cuarta
generación del barrio. Mucha gente lloró por lo que nos pasó a nosotros, pero,
gracias a dios, no somos ambiciosos. Nosotros somos el banco del pueblo, si a
alguien le falta cien pesos para el pan o el azúcar, acá no se le cierra la
puerta”, manifiesta, y agrega que “quiero agradecerle al barrio entero”.

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