El ladrón más escurridizo de la Patagonia cayó con más de 35 kilos de marihuana

En la década del ’80 su nombre se hizo conocido en Magallanes. Las órdenes de encargo se repitieron de manera constante, apuntando a la posibilidad de que este ciudadano argentino atravesara la frontera hacia territorio nacional. Julián Molinari, en ese entonces, era un joven que comenzaba a escribir parte de su historia, marcada por un incesante ir y venir entre la cárcel y la libertad.
“El Conejo” Molinari, “El Rey de las fugas” o “El ladrón más escurridizo de la Patagonia” acaba de caer tras las rejas hace un par de días. Esta vez fue detenido en un puesto fitosanitario entre Bahía Blanca y Viedma cuando transportaba un importante cargamento de drogas con destino al extremo sur.
Fueron 40 ladrillos de marihuana, equivalentes a 35 kilos, los que le fueron decomisados.
Molinari reaparece en la escena delictual después de un par de años de silencio, algo nada despreciable si se considera que su hoja delictual incluye a lo menos 200 causas por diversos delitos, de las cuales una veintena se encuentra vigente.
Su nombre comenzó a sonar en el hampa cuando aún no cumplía los 17 años, tras protagonizar su primer asalto importante. Terminó en el reformatorio.
En 1977 nuevamente fue detenido, esta vez como adulto y por el delito de homicidio. Se le condenó a 17 años de cárcel por matar a un suboficial de policía utilizando un arma de fuego. Aseguró no ser responsable del hecho y, tras ello, protagonizó dos fugas en menos de un año.
En 1995 Molinari protagonizó un frustrado asalto a un camión blindado del Banco del Chubut cerca de Dolavon. Él y su banda se tirotearon en la ruta con los custodios del transporte de caudales al intentar sin éxito apoderarse del dinero. En la acción murió uno de los malhechores, de quien se dijo falleció de un tiro percutado por el propio “Conejo”. Meses después asaltó una inmobiliariaen Caleta Olivia junto a otros dos hombres.

En Río Gallegos

Fue en 1999 cuando apareció viviendo en Río Gallegos, teniendo a su cargo la administración de un local nocturno. Allí se le detuvo por tenencia de drogas, sin embargo, escapó de una dependencia de Gendarmería con destino desconocido. Un año después reaparece en Caleta Olivia, encabezando una banda que protagoniza un atraco a mano armada a un almacén. El hecho terminó con un violento volcamiento en medio una persecución policial, donde Molinari sufrió diversas heridas. Horas después se fugó desde la alcaidía de Caleta Olivia tras sobornar a dos funcionarios policiales.
Meses después fue arrestado al intentar pasar un control policial al este de la provincia de Buenos Aires. Fue puesto tras las rejas para cumplir 8 años de cárcel.
Como era de esperar, “El Conejo” no estaba dispuesto a cumplir la condena.
En su haber, Molinari registra cinco fugas desde prisión, sin disparar ni agredir a nadie. Aseguran que su inteligencia y poder de convencimiento le han facilitado los escapes, mientras en libertad maneja toda una red de protección que tiene que ver con la lealtad que tiene con sus compañeros.
“Me convertí en una leyenda, pero eso no es bueno. Fui acusado cuando era joven de un crimen con el que no tuve nada que ver. Eso me empujó a cometer delitos y a fugarme”, le dijo a Clarín en Río Grande, en 1998, en una breve entrevista.
Molinari hoy tiene 65 años, no fuma, mantiene un cuerpo atlético haciendo gimnasia todas las mañanas. Tiene muchos tatuajes, usa gruesas cadenas de oro y tiene una cicatriz en el labio superior.

Se casó tras las rejas

De lo que “El Conejo” no pudo escapar fue del amor. En 2003 se casó tras las rejas, en Caleta Olivia con Romina Durbano, hoy de 37 años, con quien tiene dos hijos.  Tras esto, prometió nunca más escapar.
Sin embargo, de lo que no habló fue de volver a la cárcel. Hoy, tras la detención por porte de drogas, espera por el avance de la investigación asegurando que la marihuana no era suya y que le pagaron una buena cantidad de dinero para que la transporte. El problema es que “El Conejo” se encontraba cumpliendo arresto domiciliario en Misiones por una condena a 6 años cárcel, justamente por porte de drogas.

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