Hace
poco menos de un mes que falleció Samuel Florentino Gutiérrez en la
zona de Barranco Amarillo. El transandino, que cumplía condena bajo la
modalidad de libertad condicional
hace cuatro meses, no contaba con la ciudadanía, y tanto el como su
esposa, Vanesa Cayupel, pelearon para poder conseguirla, sobre todo
considerando que una de las obligaciones de la libertad condicional es
encontrar un trabajo con contrato.
Además,
sin poder acceder a un contrato de arriendo, y pasando hambre por falta
de empleo, las cosas se pusieron cuesta arriba para ambos. Sobre todo
cuando, Sandro Emiliano Curiqueo, también argentino, que
entró y salió a la cárcel con Samuel y que vivía con ellos tras su
salida del Centro Penitenciario, partió de vuelta a Argentina “a la
mala”, harto de la situación precaria que el Estado los estaba obligando
a vivir.
Hoy
día, y tras poco menos de un mes de fallecido, Vanesa busca respuestas
en instituciones que en el pasado se mostraron inflexibles en la entrega
de documentación a personas que hayan cumplido condenas, y que hasta
ahora tampoco se han mostrado especialmente interesadas en agilizar los
trámites para entregarle el cuerpo a la viuda, quien todavía no puede
enterrar a su marido.
Por
lo mismo, la esposa del malogrado argentino accedió a hablar con Diario
El Pingüino, para mostrar su indignación con una legislación antigua
(1925) y con un país que a su juicio, deja a los extranjeros con
libertad condicional a la deriva. “Lo mataron en vida y ahora me están
matando a mi”, señaló.
“Samuel
y Sandro estaban sin posibilidades de nada porque ser un NN te
imposibilita todo. No se podía enviar un giro desde Argentina para
ellos, no pueden hacer un contrato de trabajo. Pasaron hambre. No pueden
hacer nada para reinsertarse.
Falla el sentido común de las
leyes. Gendarmería da la libertad condicional cuando se tiene buena
conducta, cuando ve que las personas están para reinsertarse. Pero
cuando salen, sin documentación, se quedan ahí. Parten siendo
discriminados, porque de cualquier forma van a recibir menos pago sin un
contrato”, analizó.
“Nosotros
anduvimos por Fiscalía, por Defensoría, hablamos con el seremi de
Justicia, consul, Gobernación. A todos les hice llegar mi reclamo por
Samuel, y de ningún lado tuve respuestas”, agregó.
“A
quienes estén en contra de actualizar una ley que claramente deja a la
gente a la deriva, me parece que les falta un poco de sentido común. Es
tener de rehén a personas, porque si el Estado no los quiere tener, que
los deje ir, y si los quiere tener, que les de las condiciones
necesarias para que se puedan desenvolver”, manifestó.
Vanesa se ha preguntado durante las últimas semanas si hubiese
sido mejor que Samuel y Sandro se hubiesen quedado en la cárcel y no
hubiesen salido con libertad condicional, y hoy en día señala que “yo
hubiese preferido cruzar rejas para verlo, porque yo crucé rejas 10 años
para estar con él, a ahora que sé que no lo voy a tener nunca más”.
“Nadie
alza la voz y dice: acá tenemos un problema. Hoy tenemos un muerto, y
por ese muerto todos tienen culpa. Desde el seremi, el gobernador,
todos. Va a seguir pasando, hay más extranjeros. Esto lo ven como algo
político, y se trata de sentido común y para hacer una buena sociedad.
Ellos piensan que están soltando gente, pero no sacan nada con soltar
gente si esta se termina yendo sin cumplir condena, o se terminan
muriendo”.
Posible suicidio
Una
de las versiones más escuchadas sobre la muerte de Samuel Gutiérrez es
la del suicidio. Versión que, de acuerdo a Fiscalía hoy está
prácticamente descartada, inclinándose más por la “muerte accidental”.
Sin embargo, dicha
visión no es compartida por su esposa, descartando tanto el suicidio
como el posible accidente, y manifestando que está convencida de que al
transandino lo mataron.
“Suicidio
no es porque de partida el ese día iba a ir donde la abogada para
solicitar que su firma semanal se transformara en quincenal. Tenía
objetivos, quería cumplir su condena bien, no como su compañero que se
terminó devolviendo ilegalmente. Además, cuando le dieron 20 años por un
robo con violencia, pena absolutamente desproporcionada a lo que
generalmente se da, se podría haber suicidado ahí mismo. Pero no lo
hizo. Fue alguien en quien él confiaba, cercano a él.
La Fiscalía no
puede decir nada porque a mi todavía no me atienden. No se ha
investigado nada, no han llamado a la gente que estuvo o habló con él en
el último día. Accidente tampoco fue, porque Samuel era vago para
caminar, por si solo nunca hubiese salido a caminar por ahí a la hora en
donde se supone que murió”.
Versión
contraria al trabajo del sistema de justicia que se traslada a otro
punto: A casi un mes de muerto, Vanesa aún no puede enterrar a Samuel
“Quiero llevarlo a Comodoro, donde el quería descansar, pero todavía
está en el Servicio Médico Legal. Un mes que todavía no descansa mi
marido y un mes en donde yo estoy agonizando. Un mes en donde no
investigan y donde ni siquiera me atienden. No les importa una vida porque es extranjero y porque es un delincuente”, cerró.