Una serie de consultas periodísticas a dueños de talleres y mecánicos profesionales permitió a nuestro diario barajar teorías acerca de quiénes pudieran ser los autores de esos lamentables hechos.
La primera hipótesis que surgió de esas consultas apunta a la posibilidad de que se trate de una organización delictual, de reciente formación, pero con experiencias individuales en la sustracción de vehículos motorizados.
Uno o dos de ellos habrían ubicado a eventuales integrantes de esa banda, de manera discreta y con la excusa de ofrecerles “un trabajo” para no despertar las sospechas de familiares o vecinos curiosos, habrían podido lograr un acuerdo que los lleva a robar vehículos de una marca determinada, pero prestigiosa y que ha tenido alta demanda no sólo en Punta Arenas sino que en toda la región.
Pero los organizadores de este “grupo de tarea delictual Hyundai” podrían estar actuando por encargo de una o dos personas que actuarían como financistas y receptadores del botín que pudieran obtener estos “peones”, pagando, obviamente, a bajo precio lo robado durante las noches en diversos lugares de la ciudad.
¿Y con qué objeto?
Las personas consultadas señalaron que, lo más probable, es que el botín, sin son repuestos escasos y caros, sea comercializados, discretamente, entre mecánicos que consideran que esas piezas, si están en buen estado, les permiten realizar reparaciones a vehículos que están en sus manos para que sus dueños puedan volver a utilizarlos sin problemas después de una avería y evitarse la compra de un repuesto nuevo, haciéndole creer al mandante que la pieza cambiada sí lo es, bajando el precio final del trabajo encomendado.
Ese bajo precio cobrado les ayuda a formar una red de clientes que “hablan bien” de ellos y que les atraen más usuarios de los servicios mecánicos que prestan.
Lo otro, es que esas piezas mecánicas pudieran ser llevadas a Río Gallegos, Río Grande o Ushuaia, en forma oculta y burlando los controles fronterizos con alguna artimaña, y comercializadas informalmente, con la ayuda de familiares o amigos radicados en esos centros urbanos trasandinos, a un precio inferior al del mercado formal y así recuperar con ganancias lo invertido (“y de paso, se pegan un viaje por un fin de semana”, afirmó E.T. R., mecánico del Barrio 8 de Septiembre).
Otra
La otra posibilidad que surgió de la consulta realizada, es que simplemente, se trate de un grupo de adolescentes o adultos muy jóvenes que, con un par de tragos, deciden probar destrezas y habilidades, prolongando una diversión peligrosa.
De paso, se apoderan de lo que encuentren en los autos que sustraen o de lo que pueden desvalijar en ellos, para venderlos, dos o más días después, a bajo precio a quienes pudieran necesitarlos o se dirigen a las ferias que funcionan en la ciudad.
Pero, sea como sea, hasta ahora los audaces ladrones de autos han logrado eludir las acciones policiales desplegadas en la ciudad, las cuales incluyen recomendaciones los dueños de vehículos para que protejan sus bienes; los dejen bien asegurados, cerca de una fuente de luz y que, dentro de lo posible, los doten de alarmas.-