“Lo llevaron supuestamente por seis meses. Un día unos funcionarios llegaron al módulo para reconstruir el sector. También hubo un conflicto, en el cual se vio envuelto. Eso fue causal inmediata para enviarlo a Puerto Montt, medida disciplinaria que duraría seis meses, pero pasaron seis años y nunca tuvimos contacto. Incluso nos negaron las encomiendas, cada vez que enviábamos algo las entregaban de vuelta”. Con estas palabras se refirió la madre del joven condenado, Néstor Marchant Melo, a la posibilidad de reencontrarse con su hijo, luego que el tribunal accediera a su traslado a Punta Arenas.
La mujer se mostró tranquila, aunque reconoció que siempre tuvo el temor de que su hijo nunca más retornara. “Él no tiene nadie allá. Siempre pensé que haberlo llevado fue muy malo. No fue un cambio positivo, mi hijo aprendió a sobrevivir solo, uno habla con él y su lenguaje es otro. Se fue con 22 años y ahora tiene 29. La única manera de poder contactarme con mi hijo era a través de Gendarmería, hace dos años recién pude ver una foto de él, fue impactante. Siempre viví con el temor de que mi hijo volviera en un cajón”.