Oficios productivos abren oportunidades a personas que están privadas de libertad

En el Centro de Educación y Trabajo (CET) del Complejo Penitenciario de Punta Arenas, siete personas privadas de libertad se desempeñan diariamente en la panadería de la unidad semicerrada, elaborando alrededor de 380 kilos de pan a la semana.

La iniciativa, que busca entregar herramientas laborales concretas para la reinserción, ha demostrado resultados positivos y un alto compromiso de sus participantes.

Uno de ellos es Jonathan Spasoff, ciudadano argentino condenado a 12 años, quien desde hace seis meses trabaja como maestro panificador. “La verdad que no tenía ni un conocimiento de lo que es pan, no tenía ni la menor idea, pero aquí he podido aprender y buenísimo. Una herramienta más para poder desenvolverse el día de mañana”, expresó.

El monitor de panadería, Germán Hernández, destacó que además de abastecer la demanda institucional, el objetivo es diversificar la producción: “Estamos creando otro tipo de variedad y eso tiene a los chicos súper motivados”.

A su vez, la mayor Ana Pino, jefa subrogante del CET semicerrado, valoró que la capacitación impacta directamente en la calidad del producto y en las oportunidades futuras de los internos: “La reinserción social acá se ha visto súper empoderada, ya que ellos con este sistema van a poder surgir en el exterior”.

Con una mirada más amplia en cuanto a la gestión de estas iniciativas, la coronel Nancy Valenzuela, directora regional de Gendarmería, resaltó que el trabajo del CET no se limita a la panadería: “Tenemos un taller de desabolladuría, vulcanización y también el fuerte que se viene para septiembre, que es la producción de chulengos para las Fiestas Patrias”.

En la misma línea, la seremi de Justicia y Derechos Humanos, Michel Peutat, llamó a la comunidad a apoyar la labor de reinserción: “Invitar a la ciudadanía a que compre los productos que trabajan personas del CET, porque es una oportunidad de colaborar con la seguridad y dar herramientas que quizás nunca tuvieron antes de cometer un delito”.

En el CET cerrado, el oficial mayor Renato Contreras detalló que el trabajo se enfoca en madera de lenga y estructuras metálicas, con énfasis en la fabricación de muebles y chulengos. “Nuestro cerrado cuenta con 23 usuarios, de los cuales seis son maestros y el resto ayudantes y aprendices”, precisó.

Las autoridades recordaron que todos los productos pueden ser adquiridos directamente en el complejo penitenciario, fortaleciendo así un modelo de reinserción que combina formación, oficio y vínculos con la comunidad.

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