En
la madrugada del martes, un joven de 20 años fue detenido tras
acuchillar a su compañero de pensión. Era su segundo arresto en menos de
48 horas; el domingo propinó heridas cortopunzantes a otro habitante de
la casa ubicada en Balmaceda con Armando Sanhueza, en el centro de
Punta Arenas.
En
ambas causas, el Juzgado de Garantía de Punta Arenas ordenó que el
imputado –identificado como Carlos Paulino Ortiz– quedase con una
prohibición de acercamiento a las víctimas. Por el último episodio
también se le impuso el arraigo regional.
Las
víctimas quedaron disgustadas con las medidas cautelares decretadas.
“Tengo miedo, no puedo ni salir. Tengo que mirar aquí y allá. Él anda
suelto y está peligrando a otras personas. A mí me acuchillaron por
nada, yo no tengo problemas con él”, dice el sujeto de iniciales J. B.
C., quien quiso resguardar su identidad.
Quien
habla fue agredido alrededor de las 9 de la mañana del domingo, cuando
vivía hace apenas ocho días en la pensión. Según el parte policial, el
imputado tocó su puerta y le pidió cigarrillos. Ante su negativa, el
joven ingresó a la pieza y lo acuchilló en el muslo derecho con un
punzón de 20 centímetros.
“Salí
corriendo, me subí encima de un local, por el techo. Llamé a mi hermana
y ella llamó a Carabineros, que llegó como media hora después”,
recuerda la víctima.
Lo
acompaña en su relato el joven de iniciales R. I. A., quien también fue
acuchillado por el imputado en la madrugada del martes. Él recuerda el
episodio con una mano vendada y el rostro emparchado; tuvieron que suturar su mejilla por uno de los cortes recibidos.
“Llegó
a tocar la puerta como a las 01:20 horas”, cuenta con voz baja. “Me
levanté y le dije ‘¿qué necesita, compadre?’ Ahí se abalanzó con un
cuchillo. Me dio una puñalada en el brazo. Traté de defenderme y salí al
pasillo, pero me caí y él siguió dándome puñaladas. En un momento me
dejó y me levanté para irme a mi pieza. De ahí no me acuerdo de casi
nada”, señala.
Los
pensionistas quedaron con lesiones de carácter menos grave, pero
quedaron con incapacidad laboral y secuelas sicológicas. “Quedé con
miedo de cualquier ruido, cuando tocan mi puerta”, dice uno de ellos.
Respecto
a las medidas cautelares, R. I. A. expresa que “quedamos disconformes
con lo que decidió el tribunal, con la medida que le dieron”. Su
compañero es más duro: “No sé por qué está suelto. ¿Quieren que mate a alguien para que quede preso?”.