Marco Enríquez-Ominami (ME-O) no se rinde. Ya ha sido cuatro veces candidato presidencial y muchos lo señalan como el díscolo por excelencia, que abrió el camino para varios otros en la época de la Concertación. Desde esa tribuna construyó el Partido Progresista (PRO), pero en dos ocasiones acabó siendo disuelto por el Servicio Electoral (Servel), tras no conseguir la cantidad de votos requeridos para su continuidad.
Pese a ello, apuesta por volver a las pistas. Y no sólo impulsando un proyecto político, sino tres. Mejor Región, en el norte, que aspira a convertirse en partido; Fuerza Popular, en el sur, que ya se conformó como movimiento; y Patria Progresista, en todo el país, que hace algunas semanas comenzó formalmente su periodo para reunir militantes.
En conversación con BioBioChile, relató las nuevas motivaciones que lo impulsan, repasó su carrera política, reivindicó la “cocina” y disparó duramente contra el Ejecutivo, a un año exacto de la instalación del Gobierno de Gabriel Boric. Si bien rescató la figura del Presidente, apuntó a su gabinete; acusó a algunos de frívolos y a otros de incompetentes.
Su discurso repite una palabra: legitimidad. O bien la carencia de ella. En el Gobierno. En la derecha. En el sistema político.
Por eso, se mostró optimista con la recolección de firmas. “Hay una gran necesidad o gran demanda de nuevos referentes frente a esta crisis de representación y de legitimidad del sistema político”, subraya.
-¿Mantiene el espíritu díscolo de hace 15 años? Muchos lo señalan como el díscolo por excelencia, que abrió la puerta a todos los que vinieron después.
Por supuesto, pero tengo cicatrices también. Yo no llevo tanto tiempo y fíjate que empecé a los 32 años, tengo 49. Hay gente que lleva 30 o 40 años, pero, aun así, claro, no soy el mismo. Han pasado cosas en mi vida. Sigo siendo profundamente crítico del Chile injusto, pero también las convicciones se han ido algunas de ellas profundizando más que nunca. Estoy más preparado, más sólido, también más golpeado. Sigo siendo un díscolo con cicatrices.
-Pero ese no parece ser el espíritu de los díscolos de la actualidad. ¿Qué le parecen los díscolos que hay ahora? Ahora provienen de distintos lugares del espectro político, no solo de la izquierda.
Creo adivinar hacia donde va la pregunta. Primero, voté por Boric y lo volvería a hacer. Y sigo creyendo que una de las razones por las cuales voté por Boric sigue siendo vigente, que es un hombre con buenas intenciones. Eso lo creo firmemente.
-Pero…
Pero sus equipos y la forma de hacer política yo no la comparto. Creo que es un buenismo falso, es una estrategia equivocada. Creo que algunos quieren fundar una iglesia y no un país. Creo que la política es pactar, es negociar, es articular, no es predicar. Y creo que hay una manera frívola de creer el Chile que están gobernando. Creo que hay frivolidad. Creo que Chile es un país endeudado y un país que sufre y que está en América Latina y que no está en los países escandinavos. No somos el destino de Suecia y creo que somos parte de Latinoamérica, para bien y para mal. Ahí tengo una diferencia muy de fondo, con la forma y fondo, del debate de lo que tú llamas nuevos díscolos.
Cuando peleé siempre entendí que se requería mucha política y creo que ahí hay una manera que no está funcionando, no quieren confrontar. Ya no solamente no negocian, sino que están contra de la cocina. Y el problema no es la cocina. La pregunta es para qué quieres una cocina. El problema es el plato que sale de la cocina. El problema de la transición chilena no era la negociación, era la rendición. Era la transacción para una transición pactada. Entonces creo que están equivocados. Hablan contra la cocina sin entender que el problema es qué quieren y es la pregunta que yo me hago. Lo de la reforma tributaria es vergonzoso. El episodio es vergonzoso.
-¿Pecan de frívolos en el Gobierno?
Creo que los ministros han demostrado, algunos de ellos, frivolidad; otros, incompetencia. Los ministros, yo lo separo del Presidente, para que quede claro. Están demostrando mucha desconexión respecto al Chile real. Hay excepciones, por supuesto, pero no me gusta. Es incomprensible el audio de la canciller, por ejemplo, es frívolo; no es grave, pero frívolo. No es grave que un grupo de altos funcionarios se dediquen a pelar a un gobierno vecino. No, eso lo hacen también todos los gobiernos, pero que lo graben demuestra que es una frivolidad sin límites.