Los jinetes vuelan hasta dos metros, algunos caen; otros se aferran
con gracia a los bravos corceles. Todo ocurre mientras cientos de
turistas siguen atónitos el espectáculo y el payador Jonathan Hernández
anima la jornada con su vieja
guitarra: “No le afloje compañero/ que ese pingo es peligroso/ es de
lomo resfalozo/ y dicen que es remañero”, improvisa, en una doma que no
puede durar más de 14 segundos, si en ese tiempo el jinete no cayó, y su
monta tuvo gracia, está listo para avanzar
a la siguiente etapa.
Este año, más de cincuenta domadores, muchos de argentina, llegaron
hasta la pequeña localidad ubicada a 100 kilómetros al noroeste de Punta
Arenas.
“Uno se crío en el campo y la doma es una práctica cotidiana en la
Patagonia que comenzó con las llegada de las ovejas, los jinetes
recorren las estancias amansando animales. Hoy día, la jineteada es una
competencia normada que a diferencia
de lo que se cree, el caballo se cuida más que la propia familia, el
tiempo máximo de monta es de 14 segundos”, explica Mauricio Sánchez,
animador del evento.
Durante dos días, el pequeño poblado de 600 habitantes, se llenó de
visitantes. Por sus únicas seis calles pavimentadas transitaron más de
25 mil personas, transformando la estepa casi vacía en un verdadero
oasis de gente, algunos de
paso como el alemán Herman Bluterman que se encontró de casualidad con
la fiesta durante su desafío de unir en bicicleta la Patagonia con
Alaska.
En la villa se habilitaron caballerizas para que los hortofrutícolas
de INDAP vendieran sus productos. Los más apetecidos fueron el
calafate, la zarzaparrilla, y la frutilla regional. “Esta fiesta de las
tradiciones es una oportunidad
para vender nuestros productos y como cada año la gente valora lo
regional, a mí me fue muy bien con las frutillas, se acabaron el primer
día”, dice orgullosa Patricia Delgada, productora de INDAP.
En otros espacios más grande se realizaron las carreras de galgo, el
arreo de piños de ovejas, mientras que en la media luna estuvo el
escenario principal y fue el lugar elegido para que Juan Ilnao
demostrara su habilidad en la esquila de
ovejas.
En la ocasión se ofreció la degustación de una vaquilla asada con
cuero. Fueron más de 100 kilos de carne dorada durante toda la noche.
“Los asados al palo tienen su ciencia y la base es la paciencia y
aplicar el fuego preciso, controlando
el viento para que la carne quede jugosa, uno se mantiene con mate y un
poco de agua sucia”, explica Sergio Fortes, asador de vacuno con cuero.
Para Jorge Flies, Intendente de Magallanes, el Festival de
la Esquila es “una oportunidad para valorar nuestra cultura y destacar
el rol de campañistas, puesteros, ovejeros que tanto han hecho por la
economía ganadera del país, así también
una oportunidad de relajo para turistas y magallánicos. Creemos que se
hace necesario darle apoyo a la gente de nuestro campo y eso implica
construir políticas públicas que evita que las familias emigren”,
indicó.
espacios espontáneos en que puesteros y jinetes compartieron sorbos de
mate con turistas. Una jornada memorable donde tampoco faltaron los
espontáneos partidos de truco.
Ahí, en el transcurso del juego es usual que hombres se tiren besos,
cierren el ojo y digan: “Póngalo y si lo tiene chico, viene para acá”;
entonces, el compañero replica: “Envido y truco”. Un juego que causó
gracia en los foráneos.