Analista internacional acusa candidez de la Cancillería ante arremetida argentina

El analista internacional Jorge Guzmán acusó ayer a la Cancillería chilena de actuar con candidez ante una creciente arremetida argentina en materia de relaciones exteriores.

Demanda internacional

A través de una columna publicada en el sitio El Mostrador, Guzmán sostuvo que “Después que en Chile se levantaran voces críticas por el uso de la expresión Cabo de Hornos (territorio chileno) por parte de productores de vino argentino, la Cámara de Bodegas Exportadoras de la Patagonia Argentina ha interpuesto en Estados Unidos una demanda en contra de la compañía nacional Concha y Toro, por el empleo del vocablo Patagonia. La denuncia supone que, en su integridad, la Patagonia es argentina”.

Agregó que, en principio, “se trata de una sobrerreacción nacionalista que debe, sin embargo, entenderse en un contexto mayor, como un subproducto del imago mundi argentina. Esto es especialmente así, porque una ley obliga a exhibir en todas los escuelas y edificios públicos un mapa oficial ilustrativo de la plataforma continental extendida más allá de las 200 millas, que en 2017 la canciller del gobierno Macri afirmó fijaba los límites definitivos de su país con la humanidad”. 

Sostuvo que esta acción, además de incorporar como hecho consumado pretensiones sobre archipiélagos administrados por el gobierno británico y la Antártica Sudamericana, “ese mapa oficial incluye la tesis argentina del límite internacional en el Campo de Hielo Patagónico Sur y, en el entendido que el Atlántico termina en el meridiano del Cabo de Hornos, unilateralmente alarga la frontera con Chile”.

De esa forma, dijo, “nuestros vecinos han resucitado al principio bioceánico, que asumíamos superado con el Tratado de Paz y Amistad de 1984. Extrapolando una norma de Derecho, esa invención geopolítica reaparece como un zombie que reafirma al meridiano del Cabo de Hornos como la separación automática entre los océanos Pacífico y Atlántico. Hasta allí -y esto es trascendente- Argentina afirma se extiende la Patagonia”.

Guzmán sostiene que ello resulta de otra extrapolación, ergo, de la norma del Protocolo de Límites de 1893, que indica que Chile no puede pretender punto alguno hacia el Atlántico, como la República Argentina no puede pretenderlo hacia el Pacífico. “Chile nunca aceptó que esta fórmula se aplicara a los territorios al sur de las islas al sur del Canal Beagle; es decir, al Cabo de Hornos: allí no hay separación entre océanos, sino un único Mar Austral Circumpolar”.

Más que un asunto de privados

En un contexto geopolítico, declaró, “la demanda de los bodegueros argentinos en contra de Concha y Toro es mucho más que un asunto entre privados: es subproducto de la educación geográfica que en el imaginario argentino ha improntado una idea de país que enraíza con la tesis prelaudo arbitral y premediación papal. En una reciente visita a la Antártica, el presidente Alberto Fernández resumió ese concepto afirmando que Argentina quiere ser grande. Esa grandeza incluye la región adyacente al Cabo de Hornos para el control del tráfico marítimo, la soberanía sobre los recursos naturales del Mar Austral y la proyección hacia la Antártica”.

Guzmán sostuvo que mientras el gobierno argentino confiesa sus pretensiones de ser grande, “el chileno parece contento con su estatus de buen vecino. Así queda demostrado en el visualizador de mapas de la Dirección Nacional de Fronteras y Límites (Difrol) en el que, a diferencia del mapa oficial que ilustra la tesis argentina para el Campo de Hielo Patagónico Sur, dicha región del territorio chileno está descrita con un recuadro, para indicar que allí el límite está aún por establecerse.

Fin al tratado

Guzmán hizo una afirmación especialmente grave, “En los hechos y en el Derecho, Argentina ya ha relativizado los alcances del Tratado de Paz y Amistad afirmando que, en la práctica, los compromisos con Chile terminan en el Punto F. Por lo mismo, el caso abierto ante la justicia norteamericana debería ameritar la preocupación no solo de nuestra diplomacia económica, sino que de nuestra diplomacia política, especialmente del propio canciller. Pensar que este es un asunto entre privados es un error: es parte de un asunto político y geopolítico complejo, complicado y de potenciales graves consecuencias”.

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