Los depósitos de desperdicios varios, colchones en desuso, partes de
electrodomésticos y neumáticos viejos y rotos, se transforman, en poco tiempo,
en nido de ratas, cuya presencia asusta a los vecinos y podría generar
problemas sanitarios, dado que los roedores son medios de transmisión de
diversas enfermedades.
Sin embargo, la existencia de esos focos infecciosos son un atentado
al entorno urbano y semi rural, más aún en una ciudad como Punta Arenas, una de
cuyas actividades más rentables la constituye el turismo.
Consultado al respecto, el ingeniero Mario Almonacid, director de Aseo
y Ornato del municipio local, informó que la tarea de erradicar los basurales
clandestinos forma parte de las actividades habituales de esa repartición.
Recordó que hace tres años, cuando asumió el cargo, se hizo un
catastro que determinó la existencia de sesenta y cuatro de esos focos de
desperdicios, de los cuales persisten dieciocho.
“No es que persistan, sino que, por falta de cultura cívica y de
responsabilidad con la ciudad y con ellos mismos, hay personas que vuelven a
depositar basura y desperdicios poco tiempo después de que nuestros medios
humanos y materiales hacen un trabajo de limpieza del sector afectado”, explicó
Almonacid.
Los basurales clandestinos más notorios son los que están al final de
la calle Capitán Guillermos, en la prolongación de Carrera Pinto; en los
caminos laterales del que lleva al cerro Mirador, y al final de Manuel
Rodríguez, sin contar otros que, literalmente, se forman “de la noche a la
mañana” por la acción de personas irresponsables que llevan esa basura en
camiones y camionetas, aprovechando la oscuridad.
Incluso, en los sectores rurales del norte de Punta Arenas, en los
accesos a diversos loteos, como Vrsalovic y Varillas, no ha bastado con instalar
contenedores, porque la basura es lanzada a orillas de los caminos y los que
contaminan no son amedrentados por los carteles que advierten que quienes sean
sorprendidos deberán cancelar onerosas multas.