La falta de lluvias, los fuertes vientos y la disminución de los caudales de algunos chorrillos son factores que están incidiendo en forma negativa en la actividad ganadera de Magallanes.
A eso, de acuerdo a lo indicado por distintos ganaderos, que pidieron reserva de sus identidades a la espera de una declaración oficial de parte de la Asociación de Ganaderos de Magallanes, Asogama, se debe sumar la complicada problemática que genera la masiva presencia de guanacos.
La falta de agua ha obligado a numerosos ganaderos a proveer a sus rebaños del vital elemento utilizando camiones aljibes y abrevaderos metálicos o de material plástico, que también son utilizados por los guanacos.
Otros empresarios ganaderos han procedido a excavar y habilitar pozos en diversos puntos de sus campos, pero cada uno de ellos tiene un costo del orden de los diez millones de pesos, que significan un negativo impacto en los resultados económicos de la explotación de las estancias.
Se ha dado como ejemplo recurrente de esta situación, los campos esteparios de la comuna de San Gregorio, donde las lluvias han sido más escasas que en otros sectores de la región, lo cual afecta la rentabilidad ganadera ya dañada por las nuevas normas del marco legal para los compromisos impositivos establecido por la reciente reforma tributaria propuesta y aprobada por el gobierno y sus parlamentarios.
Guanacos
Y por si estos daños no bastaran para poner en jaque a la ganadería magallánica, la masiva presencia de guanacos contribuye negativamente a acentuar esa problemática.
“Hace sólo un par de años, con la presencia, incluso, de un ecologista de nivel internacional que debió regresar a Estados Unidos porque aquí no encontró trabajo, se realizó un censo de guanacos en la comuna de San Gregorio, censo que incluyó hasta sobrevuelos en helicóptero, a fin de acopiar la mayor cantidad posible de antecedentes para presentar un proyecto de control de esa especie de camélidos”, agregó un empresario ganadero dueño de campos en esa comuna rural fronteriza con Argentina.
Y dio datos duros: el SAG determinó que había más de sesenta mil animales y los censistas acercaron la cifra a los setenta mil; cada guanaco come tanto o más que una oveja; saben, por instinto, dónde hay aguadas, abrevaderos artificiales y hasta merodean cerca de los pozos, sin contar que ni respetan cercos ni la carretera ni los caminos interiores, con lo cual generan un riesgo colateral.
Los argentinos, haciendo caso omiso de las presiones de los animalistas, han extendido autorizaciones para que los guanacos sean cazados y por esa razón, con el instinto de la supervivencia, los animales se hayan desplazado hacia campos magallánicos y, por estos días, pueden verse numerosos ejemplares en las cercanías de Cabeza de Mar, donde eran más que escasos, a sólo cincuenta kilómetros de Punta Arenas.
“Cada guanaco come tanto o más que una oveja y con los problemas de falta de agua, el pasto se resiente, las praderas se deterioran y baja la productividad de las estancias, lo cual es inquietante para el sector”, se señaló finalmente.-