El lunes comenzó a regir la veda para la captura de la merluza del sur en las aguas de la zona de pesca magallánica, de acuerdo con el calendario establecido por las autoridades pertinentes con el objeto de proteger el recurso y asegurar la sostenibilidad de su explotación.
La veda se extenderá hasta el 31 de agosto y también incluye al bacalao de profundidad, cuya cuota se encuentra licitada, mientras que en lo referido a la merluza existe un volumen autorizado de captura que asciende a 1.050 toneladas, con la exigencia de que los ejemplares capturados tengan, al menos, un tamaño de 60 centímetros.
También está autorizada la captura de congrio dorado, calificado como fauna acompañante, con un volumen autorizado del orden de las 210 toneladas.
Los ejemplares de raya volantín y raya espinosa, calificadas como especie acompañante de la merluza austral y del congrio dorado, entrarán en veda el 31 de diciembre.
Además, hasta el 31 de agosto permanecerá la veda de la luga roja, período que se inició desde el primer día de junio pasado.
Por otra parte, se puede bucear y recoger caracol “trophon”, con un tamaño mínimo de seis centímetros y, a partir del primer día de septiembre y hasta el 30 de noviembre, estará en veda el apetecido huepo.
Para ambos recursos existe la drástica prohibición de transportarlos desconchados o procesarlos en lugares no autorizados.
En cuanto al pulpo, otro producto calificado como “gourmet”, por la consistencia y sabor de su carne, deberá permanecer en veda desde el 15 de noviembre y hasta el 15 de marzo, de acuerdo con las normas legales y administrativas emanadas del Servicio Nacional de Pesca las que exigen que los ejemplares capturados pesen, al menos, un kilogramo.
Controles
Aunque la gran mayoría de los pescadores magallánicos que se encuentran en las faenas son respetuosos de esas normas e instructivos de los servicios especializados en la protección de los recursos explotados, existe un plan de control tanto en las zonas de pesca como en las rutas de navegación más frecuentes y en los puntos de desembarque, cuyo objetivo esencial es ser un factor disuasivo de prácticas que afecten esos recursos, ya sea no respetando las fechas de veda, capturando ejemplares bajo la talla legal autorizada o procesando esos productos en lugares no habilitados.
Esos controles, sorpresivos y en días y horas que se mantienen en reserva, por razones obvias, son ejecutados por inspectores de Sernapesca y de la autoridad marítima, tanto en tierra como en el mar.