Continúan las repercusiones regionales y
nacionales respecto de la implementación de la “Hora de Magallanes”. Si bien
varios usuarios en redes sociales se quejan por el horario de programas
radiales y televisivos, la opinión general está de acuerdo con esta medida, la
que permitirá disfrutar una hora adicional de luz por las tardes.
Los adultos son quienes más aprecian esta
hora diferenciada, ya que les permitirá realizar algún tipo de actividades
luego de la jornada laboral. Niños también agradecen esta hora más de luz que
les permitirá salir de día luego de las clases. No obstante, desde la opinión
médica existen algunos reparos sobre esta medida, ya que la salida del sol está
directamente relacionada con nuestro ‘reloj biológico’, el que determina
despertarnos cuando sentimos una cantidad mayor de luz.
La “Hora de Magallanes” es fuertemente
criticada por John Ewer, neurobiólogo del Centro Interdisciplinario de
Neurociencia de la Universidad de Valparaíso, quien ha afirmado en varias
entrevistas con medios nacionales lo perjudicial que significa tener un horario
diferenciado que dé preferencia a las tardes que a las mañanas, ya que “la
gente tendrá tres horas o más de déficit de sueño, lo que es particularmente
perjudicial en los niños en edad escolar y en los adolescentes” explica el
experto.
Ewer, quien además fue citado en el estudio
que realizó la Universidad de Magallanes (UMAG) -a pedido del intendente Jorge
Flies- que permitió finalmente conseguir un horario diferenciado para la
región, comenta que habría sido mejor imitar lo que hacen los países nórdicos:
“En esos países de todas maneras ajustan la hora digital con la salida del sol.
Claro, anochece mucho más temprano pero entienden que mejora el rendimiento
académico de los jóvenes. El horario diferenciado de Magallanes es nefasto,
debieron haber cambiado la hora”, declaró a un medio nacional.
No obstante, la pediatra Heidi Canelo de la
Clínica Magallanes, asegura que independiente de un cambio o no en el horario
de los magallánicos, la falta de luz es inevitable en el periodo de invierno,
por lo que la comunidad y sobre todo los padres debiesen evitar hacer cambios
drásticos en el diario vivir de niños y jóvenes para evitar cualquier problema
en el estado anímico.
“Se tiene mala idea de que en el invierno
nosotros tenemos que dormir más o que tenemos que adoptar nuevas medidas para
dormir. Lo que sucede realmente es que como nosotros nos levantamos a las siete
de la mañana y el sol sale recién a las nueve, por lo que a los niños les
cuesta más despertarse, nuestro estado de vigilia comienza más tarde, entonces
tienen menos atención en clases, tienen problemas de concentración que puede
llevar a bajar las notas, en otros casos los niños con cierta tendencia
genética a la depresión tienden a sufrir ciertos problemas, lo que llamamos
trastorno ansioso estacional. Pero aún así, que nos hayan cambiado o no el
horario, seguimos con menos luz”, explica.
Canelo asegura que la mejor opción en estos
casos hubiese sido cambiar la jornada escolar de los alumnos, pero de no ser
posible, recomienda no dejarse llevar por los mitos relacionados con el
invierno (ingerir alimentos más calóricos, dormir más, no realizar actividades)
para evitar que el trastorno por la falta de luz sea menor tras este horario
diferenciado.