Los días de memorizar las contraseñas están contados. En algunos años se podrá acceder a la cuenta bancaria en internet usando un tatuaje electrónico dibujado en su brazo o con una pastilla que, una vez digerida, difunde la contraseña a través de las paredes del estómago.
El error Heartbleed ha dejado en evidencia el problema de la inseguridad de las claves de internet.
Durante los últimos dos años, el fallo ha hecho posible que los criminales se apoderen de pequeños fragmentos de datos de muchos de los lugares que usamos comúnmente y que potencialmente contienen información de las contraseñas.
Aunque suene a algo de ciencia ficción, lo cierto es que ya existen prototipos funcionales de esos productos.
Según la BBC de Londres, el tatuaje tiene componentes elásticos como sensores y una antena que se internalizan en la piel. La antena transmite la contraseña a un lector electrónico cuando uno entra en contacto con un teléfono o un computador. El ácido estomacal –en vez del ácido de las baterías- activa la píldora.
Este pequeño artefacto ha sido diseñado para que pulse un código que sería recogido por un sensor en un computador portátil poco después de que deje el esófago.
La motivación para desarrollar tecnologías tan extrañas viene de un problema creciente y generalizado a nivel mundial: los sistemas de autentificación existentes con los que se ingresa a servicios en línea se basan en contraseñas. Y estas no siempre están a la altura de las circunstancias.
Las personas también tienden a elegir contraseñas fáciles de recordar. Es decir, fáciles de adivinar. De los 32 millones de contraseñas reveladas durante una violación de seguridad, más de 290.000 resultaron ser ‘123456’, de acuerdo con Imperva, una empresa de seguridad de California.
Una contraseña que contiene seis letras minúsculas puede ser interceptada en sólo una fracción de segundo. Pero una más larga y compleja, con 11 letras mayúsculas y minúsculas al azar, números y caracteres especiales, podría tomar cientos de años.
La regla de las contraseñas es simple: cuanto más compleja, más segura. Pero esperar que la gente recuerde combinaciones largas y sin sentido no es realista.
A menudo, los usuarios eligen la misma contraseña para diferentes servicios, lo que es poco aconsejable. Si se suscribe a una cuenta en un sitio web poco importante y el sitio web está pirateado, su contraseña podría terminar en las manos de criminales a quienes les sería fácil acceder a su cuenta bancaria en línea.
El problema es que las personas simplemente tienen demasiadas contraseñas que recordar, dice Michael Barrett, jefe de seguridad de la información de PayPal.
“Cuando hablé con los consumidores hace diez años, me decían que tenían cuatro o cinco nombres de usuario y contraseñas para recordar. Ahora me dicen que tienen 35 de esas malditas claves”, dice Barrett.
Un adulto típico entre 25 y 34 años de edad tiene 40 cuentas en línea, según un estudio de 2012 realizado por la empresa de comprobación de crédito Experian.