Sin tapujos: Segio Freire no tuvo pelos en la lengua para ganarse al “Monstruo”

Sergio
Freire hizo su entrada a la Quinta Vergara y preguntó “¿Cómo están?”, a
lo que el público respondió al unísono “bien”.

Con eso, ya todos
sabíamos que la Gaviota de Oro caería sí o sí sobre las manos del
humorista. Claro, no es muy difícil anticiparse a eso, en la actualidad.

El
humorista tenía que mantener el acalorado ambiente que había dejado
CNCO, con una movida presentación, y lo logró de entrada, apelando a una
ícono pop, como Mon Laferte y la diferencia en el respaldo popular que
tenía cuando era Monserrat Bustamante.

Tras
esto, Sergio Freire se soltó y en seguida se mandó uno de sus típicos
chistes arriesgados, porque si hay algo con lo que se caracteriza el
comediante es que no le rehuye a temas conflictivos.

Es
por eso que el primer personaje del cual se rió fue de Sebastián
Piñera, al que llamó como su ex jefe. “Cuando íbamos entrado a
Chilevisión con el resto de los integrantes del Club de la Comedia, nos
topamos con él y nos dijo que éramos Los Búnkers”, dijo Freire, haciendo
los gestos típicos del presidente electo y haciendo énfasis en que era
imposible en confundirlos con la banda penquista.

Los
primeros quince minutos del actor de profesión fueron hilarantes. Con
ciertos espacios de silencios incómodos, pero extrañamente necesarios,
entre cada uno de sus temas, Sergio Freire se dio el gusto de tratar
temas complicados, como la eliminación de Chile del Mundial o el apoyo a
la “Causa Mapuche”.

Además,
llama la atención del humorista que dice las cosas por su nombre.
Cuando tuvo que hablar de ciertas “personas que se creían la raja en los
noventa”, se mostró impertérrito y no se amilanó al mencionar a Paulina
Nin, Antonio Vodanovic, Raquel Argandoña o César Antonio Santis.

El
público era dócil Los televidentes que rellenaron de puntos de rating
al Club de la Comedia, son de los mismos años de los que fueron a ver a
CNCO, por lo que, nuevamente, se comprueba que no hubo un humorista que
fuese “tirado a los leones” y que la parrilla del Festival de Viña de
este año estuvo muy bien repartida.

La
Gaviota de Plata y de Oro cayeron juntas. Rafael Araneda y Carolina de
Moras intervinieron junto con el redoble de tambores que hace de
introducción al galardón viñamarino. Freire, no tuvo la palabra hasta el
final, cuando retomó su rutina. Tras un vaso de agua nervioso y una
aparente retención del llanto, el comediante se dirigió al público para
agradecer.

“Estoy
feliz, pero el problema es que no tengo nada más para seguir”, bromeó
el humorista, que siguió con chistes sobre el nombre de los helados.

Aunque,
esta segunda parte de su rutina, parece de verdad que no estaba en la
mente del humorista, ya que estuvo de más y sólo nos hizo querer revivir
el comienzo de su espectáculo, que fue de lo mejorcito que se ha vivido
en cuanto a humor en esta edición.

Lo
que llama la atención sobre Sergio Freire es que su rutina es más bien
desordenada, improvisada y a ratos con problemas para hilar los temas.

Pero, la gracia innata que tiene el comediante hace que los espectadores
nos olvidemos de la línea lógica del relato y simplemente nos dejemos
embarcar en su viaje histriónico, parecido al mostrado por Fabrizio
Copano el año pasado o a lo que suele presentar Felipe Avello.

Para
concluir, vale decir que el humor fue mejor emplazado que años
anteriores, pero que su correcta inclusión en cada jornada le quitó un
poco el peso a la calidad, ya que ciertos triunfos de comediantes se
debieron más a un público correcto que a una rutina sólida. Esperaremos
que esto se vaya resolviendo conforme se perfeccione la fórmula
festivalera, que siempre está en constante cambio.

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