Los
hechos ocurrieron el 1 de junio de 2020. En horas de la mañana
Gendarmería revisaba las encomiendas que ingresaban las visitas a través
de la máquina de escáner hasta que un paquete llamó su atención. Se
trataba de un pote con pastas tipo canuto que contenían bolsas de
nailon.
Los
funcionarios registraron los envoltorios escondidos en el tallarín.
Descubrieron 58 comprimidos y 33 gramos en polvo que resultaron ser
clonazepam y diazepam, dos sustancias que son controladas por la Ley de
Drogas.
“Es
así como el imputado poseía y transportaba, sin autorización, droga
ilícita, que pretendía ingresar al recinto penitenciario de Punta
Arenas”, señala la acusación.
De
acuerdo a declaración que el acusado prestó al OS-7, el destinatario de
la encomienda era su hijo, quien cumple condena por disparos
injustificados y microtráfico, entre otros delitos. También señaló no
conocer el contenido del paquete, pues lo había recibido de un tercero.
La
investigación se formalizó en abril de 2021 y el acusado quedó con
arraigo nacional, pero sus reiteradas ausencias a las audiencias
obligaron a que se agravara la medida cautelar por el arresto
domiciliario nocturno.
Finalmente,
ayer lo enjuiciaron en un procedimiento abreviado. El hombre reconoció
su responsabilidad en los hechos y el tribunal lo condenó por tráfico de
drogas en pequeñas cantidades.
La
sentencia en su contra se conocerá el lunes. El condenado arriesga una
multa de 170 mil pesos y 540 días de cárcel. Sin embargo, la Fiscalía no
se opone a que la pena privativa de libertad se cumpla a través de la
firma mensual.