Sentado
junto a sus abogados defensores, el sujeto de iniciales J.P. escuchó el
veredicto del Tribunal Oral de Punta Arenas. Los jueces decidieron
condenarlo por abuso sexual reiterado en contra de dos hermanas desde
que tenían 5 y 9 años, respectivamente.
“Para
arribar a dicha decisión, el tribunal ha considerado el mérito de la
prueba incorporada por el Ministerio Público, elementos de una entidad
suficiente para tener por acreditados los delitos y la participación que
le corresponde al acusado”, leyó la jueza Palmira Muñoz.
Durante
el juicio se pudo acreditar los hechos sucedidos en una toma de Río
Seco, donde el condenado convivía con una mujer y su familia.
En fechas indeterminadas del 2009 el sujeto comenzó a realizar
tocamientos en la zona genital de la hija de su exconviviente, quien
tenía cinco años. Estos hechos se prolongaron hasta el 2013 e incluyeron
roces de carácter sexual cometidos por el condenado. Según la acusación
fiscal, los abusos ocurrían dos veces por semana y en circunstancias
facilitadas por el agresor para quedar a solas con la niña.
El
padrastro también cometió abusos a otra hija de su expareja entre el
2008 y el 2011. Al igual que el caso anterior, propiciaba oportunidades
para quedar a solas con la niña, quien sufrió tocamientos y frotaciones
de carácter sexual por parte del acusado.
El tiempo de condena
Los años que cumplirá J.P. en la cárcel se sabrán el martes, cuando se lea su sentencia. El tribunal ya descartó una pena de
15 años que solicitó la PRJ Tus Derechos, pues no acogieron su
solicitud de considerar como agravante la responsabilidad que tenía el
padrastro sobre las niñas.
Por
la gravedad del delito, el Ministerio Público pide una condena de 10
años de prisión y, una vez cumplidos, la vigilancia de Gendarmería
durante otra década.
Los
abogados defensores solicitaron al tribunal que se ordenen tres años de
cárcel. Argumentaron que el acusado habría colaborado en el
esclarecimiento de los hechos, pues reconoció su responsabilidad cuando
prestó declaración. Además dijeron que en los 12 años posteriores al
último abuso no ocurrieron nuevas conductas delictivas.