El
único imputado por la muerte de Felipe Mancilla Arriagada –un supervisor de 30
años que sufrió una estocada en su pecho– cumplirá con prisión preventiva. La
Fiscalía le formuló cargos por homicidio y el tribunal le impuso la medida
cautelar por considerar peligrosa su libertad para la seguridad de la sociedad.
El
delito se cometió en la tarde del martes. El catamarán “Siriano” navegó durante
al menos tres horas por el Seno Skyring y llegaron en la inhóspita Isla Grande.
Tras
recalar en la playa, sus seis tripulantes hicieron un asado de cordero.
Bebieron vino, cerveza y whisky. Según los dichos del capitán de la embarcación
ante la PDI, “escucharon música y tiraron la talla”.
El
imputado –identificado como Luciano Osses Vargas, de 38 años– se había integrado
a comienzos de diciembre al equipo para desempeñarse como buzo mariscador.
Cuando terminaba el asado el supervisor le comunicó le correspondía trabajar al
día siguiente.
“Felipe
me dice que tenía que estar tempranito mañana en el agua. Es ahí que empezó el
problema”, declaró posteriormente el imputado ante la Fiscalía.
De
acuerdo con los antecedentes de la formalización, ambos discutieron y el
imputado se retiró al catamarán. Después de unos minutos regresó con su
cuchillo de trabajo en el cinto y se reencontró con su supervisor. Le propinó
una estocada en el pecho, por debajo del corazón.
La
víctima falleció cuando era trasladada a Puerto Nuevo, donde aguardaba la
Alcaldía de Mar de Río Verde. Según el Servicio Médico Legal, la causa de
fallecimiento se debió a una herida cortopunzante y penetrante tórax-abdominal
complicada.
El
imputado huyó por los bosques tras el ataque y se quedó solo en Isla Grande. La
Brigada de Homicidios de la PDI recabó los testimonios de testigos en Puerto
Nuevo y en la madrugada del miércoles se adentró a seno Skyring, para
finalmente concretar la detención.
Su arresto se amplió hasta el mediodía de ayer
para que el Ministerio Público recabase más antecedentes.
El
jueves, el imputado prestó declaración voluntaria ante el fiscal Sebastián
González. Indicó haber recibido un golpe en la nuca durante la discusión por el
turno laboral y que habría acuchillado a la víctima porque antes se había
abalanzado contra él. “Señala que no es una mala persona por algo que él no
planeó. No tenía por qué haber tanto copete”, se desprende de su relato.
El
persecutor González le formuló cargos por homicidio, un delito que puede ser
castigado hasta con 15 años de cárcel. Durante la audiencia profundizó sobre
las posibles causas que terminaron con la vida de Mansilla Arriagada.
“Por lo
que se recoge de los antecedentes de la investigación, no le habría gustado que
después de una tarde de farra le digan que se tiene que meter el día siguiente
a bucear. Eso con el consumo de alcohol –que es inhibitorio del control de
impulsos– desgraciadamente se desenlaza en esta acción”.
Aunque
el abogado del imputado alegó una posible legítima defensa, el tribunal decretó
la prisión preventiva.
“Hay que tener en consideración el bien
jurídico protegido. Esto significa el atentado contra el bien más valioso que
contempla nuestra Constitución. Aquí se ha quitado la vida a un ser humano”,
resolvió el juez Ricardo Larenas.
El
plazo de las indagatorias se fijó en 120 días.