A
cinco años de libertad vigilada intensiva fue condenado un hombre que
violó reiteradamente a su hija adolescente. La pena será controlada por
el Centro de Reinserción Social de Gendarmería, que debe diseñarle un
programa de intervención individual.
El
delito se perpetró en una fecha indeterminada del 2009. La víctima –que
iba en octavo básico– retomó la relación con su padre, con quien había
perdido todo contacto desde que tenía dos años.
En
una de sus visitas, el acusado le preguntó a su hija si había comenzado
su actividad sexual. Ante su respuesta negativa, éste le dijo que se
iniciara con él. De acuerdo a la sentencia, le dio besos en la boca y la
accedió carnalmente.
Los
hechos se reiteraron durante el 2010 en el domicilio del condenado. Las
agresiones cesaron el 2011, cuando un tercero advirtió la sexualizada
conducta del acusado hacia su hija.
Tras
tres jornadas de juicio, la fiscal Wendoline Acuña (en la foto) pudo
acreditar un delito de estupro continuado. Los jueces consideraron el
relato de la víctima, familiares y funcionarios policiales que
participaron de la etapa investigativa.
Aunque
le impusieron cinco años de cárcel, los magistrados decidieron
sustituir la pena por su cumplimiento en el medio libre por sus
antecedentes personales del condenado.
“El
hecho de estar inserto socialmente en el ámbito familiar y laboral,
contando con redes de apoyo y control, sumado al hecho de no presentar
antecedentes actuales de consumo de alcohol y drogas permite concluir
que una intervención individualizada parece eficaz para su respectiva
reinserción”, dice la sentencia.
Como
pena accesoria, el acusado tendrá que informar su dirección cada tres
meses a Carabineros durante 10 años. Además, no podrá acercarse a la
víctima por 24 meses y le queda prohibido ejercer trabajos que
involucren una relación directa con menores de edad.