El
jueves pasado se cumplieron dos años del accidente del Hércules C-130,
el avión de la Fuerza Aérea que cayó a las aguas del Mar de Drake cuando
se dirigía a la base chilena de la Antártica.
Aunque
la investigación sumaria de la FACh cerró en octubre, la arista penal
sigue su curso y el fiscal regional Eugenio Campos lidera las
indagatorias para determinar responsabilidades del accidente.
Uno
de los 38 tripulantes que fallecieron fue Ítalo Medina Quiñonez, el
comandante de escuadrilla que viajaba al mando del avión. Su viuda
decidió hacerse parte de la causa penal y se querelló en contra de
quienes resulten responsables de la tragedia.
Los
representantes legales de María Inés Paredes -que contrajo matrimonio
con el piloto Medina en agosto del 2014- califican las circunstancias
del accidente como un cuasidelito de homicidio. “Medió imprudencia o
falta de debida diligencia en el mantenimiento y revisión del material
de vuelo”, indican.
El
objetivo del vuelo era transportar personal para revisar el oleoducto
de combustible en la base chilena de la Antártica. Además, su
tripulación debía realizar un proceso de aplicación de anticorrosivos en
las instalaciones nacionales de la zona.
El
Hércules partió desde Santiago e hizo escala en la Base Aérea de
Chabunco. Después voló al continente blanco, pero perdió el contacto a
las 18:13, cuando sobrevolaba el tempestuoso Mar de Drake.
La
nave se destruyó por completo. Sus fragmentos se encontraron tres días
después, a 27 kilómetros de la última ubicación de contacto. Restos del
comandante Medina se encontraron en el mar y su fallecimiento se pudo
constatar a través del Servicio Médico Legal.
La
querella sostiene que los hechos no se produjeron por una mala maniobra
del piloto, sino por una condición preexistente del Hércules. El
desperfecto se vincularía con su mantenimiento, “lo que ocasionó un
colapso catastrófico en pleno vuelo, al que fue imposible reaccionar y
que hizo que el avión se precipitara súbitamente al mar, sin siquiera
emitir una orden de alerta de auxilio”.
La
nave contaba con dos sistemas automáticos de auxilio. Uno de ellos es
el “ELT”, que alerta a las bases cuando hay un impacto en el avión.
También tenía el “Flight Cell”, que funciona a través de comunicación
satelital dentro del avión. Ninguno se activó al momento del accidente.
Otro
sistema de seguridad es el “Track Plus”, que hace un seguimiento desde
tierra al operador aéreo. “Evidentemente falló, al no percatarse el
personal (de tierra) oportunamente de la pérdida del Hércules sobre el
Mar de Drake”, dice la querella.
Los
hechos no corresponderían solo a un cuasidelito de homicidio. Según los
abogados de la viuda del piloto, los responsables podrían haber
incurrido en un incumplimiento de deberes militares y delitos
sancionados en el Código de Aeronáutica.
La
acción ya fue acogida a trámite por el juzgado de Garantía de Punta
Arenas. Se suma a al menos 30 querellas que han presentado los
familiares de las otras víctimas fatales del accidente.