Hubo un tiempo en que los cerros del sur no eran más que pampa fría, viento calador y zanjones donde el barro amenazaba con tragarse los pasos. Allí, a puro pulso de pala, madera labrada y solidaridad de abrigo prestado, los primeros colonos -muchos de ellos chilotes de mirada recia y manos ajadas- levantaron las bases de lo que hoy late como el corazón más auténtico de Punta Arenas. Esas siete décadas de resistencia, ollas comunes y sueños compartidos cobraron vida en el auditorio de la Biblioteca Municipal Nº 114 durante la presentación de la “Cantata del Barrio 18 de Septiembre”, una creación artística que no solo narra la fundación de un vecindario, sino que sacude la fibra más íntima de varias generaciones de pobladores.
La obra, concebida con devoción por el profesor y músico Fernando Alarcón junto a la Agrupación Musical 7 de Julio -consagrada en el Festival de la Patagonia 2026- hilvanó 18 movimientos exactos entre décimas, poesía y sonoridades mestizas. En un viaje que transitó sin tregua desde la cadencia marinera de la cueca “La levantaron chilotes” y el foxtrot nostálgico de “Vamos a compartir vecino”, hasta la rebeldía urbana del rap ochentero y la fiesta del chamamé en “Malón de la 18”, la narración encontró en la voz inconfundible de Héctor Oyarzo, el hilo conductor para honrar hitos sagrados como la escuela, el retén y la Octava Compañía de Bomberos. “Es una obra que también tiene poesía… se trata de alguna manera de los 70 años de la historia del barrio”, resumió un conmovido Alarcón ante vecinos que escuchaban con lágrimas contenidas.
Entre butacas ocupadas por antiguos dirigentes y rostros curtidos por el rigor magallánico, el acto trascendió la música para transformarse en un juramento colectivo de pertenencia. Luisa Quezada, presidenta del Comité Pro Adelanto, sintetizó con garganta apretada esa dignidad forjada contra la intemperie: “Con mucho orgullo presentamos la cantata, escrita por un hijo del barrio como don Fernando Alarcón. Empezaron con calles de barro, con casitas pequeñas, y ahora ves esto convertido en un barrio. Siempre decimos una frase nosotros: nacimos población, somos ahora barrio y vamos a ser comuna”. Sus palabras sellaron el inicio de una cartelera comunitaria que abarcará campañas solidarias, cicletadas y muestras del archivo fotográfico barrial.
Sector comercial
Ese puente invisible entre los abuelos pioneros y los nietos que hoy caminan por veredas pavimentadas también fue relevado por el sector comercial del sector, empeñado en mantener viva la raíz trabajadora de la zona alta.
Mauricio Catemillán, presidente de la Asociación Comercial Barrio 18, recordó que detrás de cada acorde late el testimonio vivo de las familias fundadoras: “Es una obra muy emblemática porque cuenta la historia de cómo se formó este barrio, de esfuerzo, trabajo y muchos sueños; es el caso de mi abuelo, que llegó cuando todo era pampa y no había nada”. El dirigente aprovechó el encuentro para convocar a la comunidad a reencontrarse este 31 de octubre frente a la Octava de Bomberos y en la tradicional corrida familiar de noviembre.
Al apagarse el último acorde del “Tema de 18 de septiembre”, un aplauso cerrado y de pie rompió el silencio de la sala, fundiendo a fundadores, dirigentes y jóvenes en un solo abrazo que desbordó la fría noche austral. La cantata demostró que las poblaciones no se miden únicamente por sus metros construidos, sino por la lealtad con que su gente custodia el pasado; una historia viva que se niega al olvido y que confirma que, mientras quede una guitarra para cantar las faenas de antaño, el Barrio 18 seguirá caminando erguido hacia su destino.