Un complejo panorama económico volverá a golpear los bolsillos de las familias y gremios productivos en la Región de Magallanes, tras confirmarse las proyecciones técnicas de un cuarto incremento consecutivo en el precio de los combustibles, con un impacto crítico en el valor del diésel.
El alza responde principalmente a los mayores costos de refinación a escala internacional —presionados por ataques a refinerías estratégicas y conflictos bélicos en zonas clave como Irán y Rusia—, sumado a la presión compradora sobre el tipo de cambio y a los parámetros que defina el Mecanismo de Estabilización de Precios de los Combustibles (Mepco). La situación genera máxima alarma en el extremo austral debido a su estructural dependencia del transporte terrestre y marítimo para el abastecimiento de insumos básicos y alimentos.
Critican “estructura perversa” del Impuesto Específico
Frente a esta coyuntura, el presidente de la Asociación Gremial de Transportistas de Punta Arenas y director de la Confederación Nacional de Transporte de Carga de Chile (CNTC), Carlos Estrada, cuestionó con dureza la carga impositiva que se aplica a los carburantes en el país. El dirigente remarcó que cerca de la mitad del valor final pagado en surtidor corresponde a tributos, señalando además que empresas como ENAP y distribuidoras privadas continúan reportando elevadas utilidades.
Para graficar el volumen de recaudación, Estrada precisó que durante 2025 los ingresos por Impuesto Específico a los Combustibles alcanzaron los $2,88 billones de pesos, equivalentes a un flujo diario de $7.900 millones de pesos para las arcas fiscales, a los que se suman el cobro del IVA y permisos de circulación. El líder gremial tildó el esquema impositivo de “perverso”, argumentando que al ser proporcional al costo, cada aumento internacional eleva automáticamente los ingresos del Estado mientras asfixia a los usuarios, fletes y pymes locales.