Una profunda conmoción en la comunidad científica internacional causó el deceso de la destacada oncóloga estadounidense Rachna Shroff, quien falleció a los 47 años a causa de un agresivo adenocarcinoma terminal, una patología perteneciente a la misma familia de cánceres que investigó de manera incansable durante su trayectoria académica.
Shroff se desempeñaba como directora asociada de investigaciones clínicas del Centro del Cáncer de la Universidad de Arizona y jefa de la División de Hematología y Oncología de la Facultad de Medicina en Tucson. La institución la destacó como una figura de renombre internacional por sus aportes pioneros en el estudio del colangiocarcinoma, un cáncer raro de los conductos biliares.
Legado científico y filantropía en sus últimos días
A lo largo de su carrera, la Dra. Shroff lideró ensayos clínicos históricos que permitieron aprobar las primeras terapias específicas ante la FDA para esta enfermedad, publicando más de 80 artículos científicos y ofreciendo sobre 130 ponencias internacionales.
Tras ser diagnosticada este año con un tumor avanzado que ya se había extendido por su organismo, la investigadora mantuvo su compromiso con la ciencia. En septiembre pasado impulsó la creación de un premio para jóvenes investigadores en tumores biliares, logrando recaudar más de 1,35 millones de dólares en pocas semanas para financiar nuevas innovaciones médicas contra la enfermedad.