El ser tras el pragmatismo del socialismo chileno

La historia del Partido Socialista de Chile en los últimos 50 años no puede escribirse sin considerar a Camilo Escalona Medina. Camilo no fue sólo un dirigente más, fue protagonista clave de sus luces y sombras, desde la defensa revolucionaria hasta el pragmatismo de la administración estatal. Su evolución política priorizó el realismo de las instituciones, donde la teoría ideológica se subordinó a la urgencia de la gobernabilidad.
Me tocó conocer a Camilo siendo yo muy joven y hay al menos 2 ideas matrices que aprendí de él, ambas inevitablemente relacionadas. Primero, la responsabilidad histórica del PS para recuperar la democracia y fortalecer la gobernabilidad, siendo fundamental para ello su unidad y su accionar ordenado. El partido del orden fue vital para las grandes transformaciones del país. Segundo, la importancia de disputar y conquistar el poder para lograr las transformaciones estructurales que generen bienestar para la población, procurando para ello la mayor unidad y entendimiento entre las fuerzas políticas de izquierda y de centro. Fue defensor de la democracia de los acuerdos, como una forma de superar los enclaves autoritarios y asegurar reformas permanentes. Sin estas ideas base la Concertación no hubiese alcanzado sus logros y gobernado tanto tiempo.
La muerte de Camilo el 4 de septiembre de 2026, a los 71 años, tras una batalla contra el cáncer, no es sólo la partida física de un gran dirigente, se va con él un ciclo de la política chilena. Camilo vivió el exilio, la resistencia, la recuperación de la democracia y la construcción de una nueva institucionalidad democrática. Su exilio en Viena, Cuba y Berlín Oriental fue un aprendizaje a golpes de la importancia de la democracia y la institucionalidad, y que sin democracia no hay socialismo posible. A su regreso clandestinamente a Chile en 1983, Camilo ya era un dirigente que sopesaba los costos de la fragmentación, las heridas de la ruptura entre el PS-Almeyda y el PS-Altamirano, y las consecuencias de privilegiar la pureza ideológica sobre la eficacia política. Ya era el dirigente pragmático que conocimos.
Desde su regreso Camilo buscó la cohesión orgánica del partido. Para Camilo, la unidad no era sólo teoría, sino la condición elemental para cualquier posibilidad transformación. En sus tres presidencias partidarias defendió la unidad del PS y de las fuerzas progresistas, siempre evitando las «abstracciones fanáticas» y los moralismos utópicos que desprecian la gradualidad de los procesos sociales y políticos.
Camilo fue capaz de evolucionar y abstraerse de la intransigencia ideológica en post de la unidad de las fuerzas democráticas y la defensa de la política de los acuerdos. Camilo se adaptó al proceso democrático y al rol del PS. Sin embargo, esa abstracción nunca fue una claudicación, sino una forma de defensa ante las fuerzas conservadoras y autoritarias. Camilo defendió la alianza entre el socialismo y el centro político, lo cual le permitió a la Concertación gobernar por 20 años. Sin ese entendimiento, no habría sido posible superar los enclaves autoritarios, el pilar solidario, aprobar la ley de aborto en tres causales, el Acuerdo de Unión Civil o la gratuidad en educación superior.
Camilo, al interior del PS fue líder de la tendencia Nueva Izquierda y por ello un impulsor de la campaña presidencial de Michelle Bachelet, de la cual fue generalísimo. Fue fiero en la defensa de su tendencia, pero sin arriesgar nunca la unidad y la gobernabilidad del PS. Se tuviéramos que distinguir un sello Camilo fue la disciplina partidaria, la política de los acuerdos, la negociación paciente y la defensa de la institucionalidad.
En su última aparición pública, a través de redes sociales, a propósito de la polémica entre Paulina Vodanovic y Daniella Cicardini, Camilo insistió en que la «unidad socialista» era «primordial para la unidad de la oposición, para la defensa de las conquistas sociales, para frenar la regresión autoritaria del gobierno de la ultraderecha chilena». Murió preocupado de su partido, siendo Secretario General del PS.
Hoy, en su partida física, la pregunta es inevitable: ¿qué será del legado de Escalona? La respuesta no está en los votos, sino en las instituciones que ayudó a construir y en las reformas que hizo posible. La Concertación gobernó 20 años no en forma aleatoria, sino porque hubo dirigentes como Camilo que entendieron que gobernar es, ante todo, administrar tensiones sin romper la institucionalidad. Camilo fue y será un referente para miles de generaciones de socialistas. Su vida demostró que el socialismo chileno no es sólo una idea, sino una práctica de resistencia, unidad y gobernabilidad. Honor y gloria al compañero Camilo.

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