Más allá de los elementos técnicos que se pueden esgrimir para sostener la evidente soberanía chilena sobre el Estrecho de Magallanes, es necesario tener presente que la soberanía no se ejerce con palabras más o menos enérgicas. La soberanía de Chile se ejerce ocupando y usando los territorios que otro país pudiera pretender como suyo. Por eso duele ver cómo desde el nivel central, no se toma conciencia de lo importante que es la región de Magallanes para el desarrollo del país. Se le ve como una región lejana, de pocos habitantes. Esto es especialmente relevante, porque una elección presidencial no se decidirá normalmente con los votos de los magallánicos, lo que hace que no se mire a esta región como una a la que haya que darle especial atención desde Santiago.
Dicho lo anterior, se echa de menos declaraciones más categóricas y firmes en relación al estrecho. Sin embargo, el apoyo que el país ha dado a la reivindicación argentina sobre las Falkland, aparece incondicional. Hace cuarenta y cuatro años atrás, Argentina las toma militarmente y en su itinerario, la invasión a Chile aparecía como la continuación lógica de ese asalto armado. Por eso Chile suministrar apoyo a Inglaterra para recuperar Falkland. Sabía que la próxima guerra se podría disputar en nuestro territorio. La posición del país vecino era la de que su próximo objetivo, éramos nosotros.
Entonces, para pensar dar apoyo a la reivindicación argentina sobre las referidas islas, la primera condición, necesaria, pero no suficiente, es que dicho país derogue el Decreto 457/2021 firmado por el entonces presidente Alberto Fernández, que considera al Estrecho de Magallanes como un “espacio compartido” entre Chile y Argentina. Esto es inaceptable. Vulnera flagrantemente los tratados de límites vigentes entre ambos países y debe poner en estado de alerta a nuestras fuerzas armadas. Se esperaba que el presidente Milei lo dejara sin efecto, pero con sorpresa vemos que no lo ha hecho. Su afinidad ideológica con el presidente Kast no ha sido suficiente como para querer reconocer la soberanía absoluta de Chile sobre el Estrecho de Magallanes. El solo hecho que el vecino país lo considere como un espacio compartido, es una afrenta a la soberanía nacional.
Más aún, la senadora trasandina Patricia Bullrich, de estrecha cercanía con el presidente Mieli, este mes señaló que su país debía controlar el Estrecho de Magallanes. Y si bien luego se retractó, es sintomático que altas autoridades siempre se “confundan” y se atribuyan el control del estrecho. En ellos parece aplicarse el dicho que es mejor pedir disculpas antes que permiso. La aspiración bioceánica de Argentina es de antigua data. Desean tener salida propia hacia el Océano Pacífico, algo que los tratados y la historia, le niegan. Por eso la firmeza de Chile debe ser constante, además de ser muy cautos en entregar un apoyo incondicional a la reivindicación sobre las Falkland.
Debemos recordar siempre que estando nuestro país en plena Guerra del Pacífico y para asegurar la neutralidad de Argentina en dicho conflicto, el país tuvo que ceder, bajo presión, la Patagonia Oriental a dicho país. Más recientemente, el laudo arbitral de 1997 que otorgó a Chile la soberanía sobre las islas Picton, Nueva y Lennox en el Canal Beagle, fue declarado insanablemente nulo por Argentina, a pesar que voluntariamente se sometió al arbitraje internacional para decidir este tema. Esto casi nos cuesta una guerra. Por ello la firmeza del país debe ser constante en este tema.