La semana pasada, una delegación de la Fundación pueblo Kawéskar viajó desde Chile a Suiza para la recepción y posterior repatriación de los restos de tres ancestros, para que a fines de octubre del presente 2026, Punta Arenas sea la sede de un hecho que nos concierne como comunidad: tres ancestros Kawésqar regresarán desde Suiza a su territorio, luego de más de un siglo fuera de él.
Este retorno es, ante todo, un proceso iniciado y animado por parte de la comunidad Kawésqar de hoy, con la participación de familias, cultores y del Estado de Chile, quienes junto a nuevas generaciones han decidido transformar el dolor del pasado en memoria, dignidad y reparación, con una mirada centrada en el encuentro y particularmente en el futuro.
Este proceso se enmarca en Ko Aswál, una iniciativa internacional nacida en Suiza en 2023, surgida del encuentro entre personas Kawésqar e instituciones del país europeo. Desde entonces, se ha desarrollado una relación sostenida de investigación, diálogo y cooperación, que permitió impulsar la restitución de los tres ancestros y avanzar hacia su regreso definitivo a Chile.
Esta experiencia, confirma una realidad contemporánea esencial, y es que el Pueblo Kawésqar es un actor vivo que puede dirigir procesos internacionales, acordar y participar directamente en decisiones relacionadas con su patrimonio material e inmaterial, su memoria y esencialmente en su destino.
Asimismo, este hito forma parte de una conversación más larga entre descendientes y el Estado de Chile. En junio del 2003, representantes Kawésqar de Puerto Edén, Puerto Natales y Punta Arenas presentaron ante la Comisión Verdad Histórica y Nuevo Trato aspiraciones para una nueva relación entre el Estado y las comunidades. Entre estos vínculos destacó la participación política, el reconocimiento de espacios terrestres y marítimos, el fortalecimiento de la lengua y la educación intercultural, junto con la creación de espacios culturales y memoriales, lo que se consolida de manera relevante con el retorno del patrimonio Kawésqar existente en museos de Chile y del mundo.
Veintitrés años después, una de esas aspiraciones se hace realidad. Pero se trata de un retorno que refleja una visión diferente, ya que las personas que recibirán a sus ancestros en 2026, son un Pueblo con nuevas generaciones, organizaciones, capacidades y redes nacionales e internacionales que proyectan una mirada de reencuentro y reconciliación con un pasado trágico, pero que ninguno de los hoy presentes es responsable. Volver a ese diálogo, entonces, no es repetir lo pendiente, sino preguntarnos qué construyó el Estado, qué fortalecieron los propios Kawésqar y qué relación somos capaces de edificar hoy. Quizás esta perspectiva de diálogo sirva como ejemplo para subsanar conflictos latentes que la sociedad contemporánea quisiera transformar, sin encontrar los canales adecuados.
En ese sentido, la repatriación de los tres ancestros nos permitirá hacer varias reflexiones sobre nuestra historia regional y chilena. Los episodios trágicos son una enseñanza sobre nuestras imprudencias como sociedad, pero al conocerlas, admitirlas y aceptarlas, sabemos que no se pueden repetir bajo ninguna circunstancia, pero tampoco podemos entrar en una dinámica de juicios con alcances valóricos y principios que hoy mantenemos, atendiendo nuestra propia evolución como individuos participes de una nación que se consolida en un país que anhela la superación y el bien común.
La ceremonia que se llevará a afecto en Punta Arenas, más que un acto institucional, será una oportunidad para que la reparación no termine en una formalidad, sino que contribuya a enfrentar las heridas de la historia y sus efectos intergeneracionales, fortaleciendo procesos comunitarios de sanación de herida comprobadas.
En este contexto, la presencia de todos los integrantes de nuestra sociedad en la ceremonia, tendrá un valor simbólico e institucional profundo, al acompañar el retorno y confirmar la voluntad, como el compromiso de respetar a los pueblos originarios en su dimensión totalizadora y como actuales guardianes legítimos de la herencia territorial de nuestra historia.