Zona Franca es sólo para turistas: magallánicos la abandonan por precios intocables

Pese al régimen de excepción aduanera y tributaria, vecinos y visitantes aseguran que el beneficio no se traspasa a los valores finales en vestuario, tecnología y canasta básica. Denuncian además colapso vial en los accesos del recinto amurallado.

El histórico argumento de que la Zona Franca de Punta Arenas constituye un alivio directo para el costo de vida de los habitantes de Magallanes enfrenta un creciente cuestionamiento por parte de los propios consumidores. A pesar de operar bajo un régimen de excepción aduanera y tributaria regulado por el DFL N° 2 de 2001 —y aportar por ley el 28% de sus ingresos brutos al Gobierno Regional—, la percepción de la ciudadanía apunta a que la franquicia perdió competitividad frente al comercio tradicional y no se refleja en las etiquetas finales.

El malestar abarca tanto a bienes durables como al vestuario de temporada y la canasta básica familiar. Consumidores locales acusan que la exención impositiva que ampara la extraterritorialidad aduanera del recinto parece diluirse en la intermediación comercial antes de traducirse en una ventaja tangible para los hogares magallánicos.

“De verdad que, como magallánicos, Zona Franca nos presta bien pocas cosas. Está todo caro, es mejor comprar en los supermercados. La ropa en Zona Franca está toda arriba de 80, 100 mil pesos. Eso no está al alcance de nosotros; en realidad es para los turistas“, sentencia la vecina Delia Uribe.

En la misma línea, Evelyn Cárcamo rememora la distancia con los orígenes del sistema: “Nada de especial tiene la Zona Franca hoy día. Lo único que le queda es el sorteo de los vehículos a fin de año para la gente, pero de ahí para nosotros no tiene ninguna validez. Yo me acuerdo cuando recién empezó, cuando era puerto libre y valía la pena; ahora subieron todos sus precios. Si uno cotiza un televisor, prefiere irse al mall”.

Fuga hacia calle Bories y colapso vial

La diferencia tarifaria ha comenzado a empujar a compradores locales y visitantes fuera del perímetro franco, trasladando la demanda hacia las tiendas del centro comercial o el comercio de calle Bories.

Así lo constata Rosa Sánchez, quien relató la experiencia de familiares de visita en la región: “Anduvieron cuatro o cinco días recorriendo el módulo central y no pudieron comprar nada porque estaba carísimo. ¿Qué hicieron? Dejaron Zona Franca, se fueron al mall y de ahí se tiraron para calle Bories. Ahí encontraron mucho más económico, en los locales nuevos del centro. Es increíble que en el centro convenga más que en un lugar sin impuestos“.

A la inquietud económica se suma el deterioro en la infraestructura y la congestión en las vías de circulación interna. Usuarios denuncian prolongados cuellos de botella para ingresar y salir de los estacionamientos, sumado al mal estado de los pavimentos, lo que complejiza el flujo vehicular en horas de alta afluencia.

Dudas sobre el traspaso de la franquicia

La molestia se extiende a compradoras habituales como Clara Márquez, quien señala que “para ser un lugar que no debería pagar impuestos, sí ha subido bastante. Se siente directo en el bolsillo”.

En tanto, Raquel Flores, residente en la capital regional desde hace dos años, plantea sus reparos respecto al destino del beneficio legal: “Todo ha subido: vestimenta, lo que se ocupa para comer. Uno no sabría decir si los comercios realmente traspasan ese beneficio tributario a la gente; lo concreto es que comprar ahí se volvió caro”.

El fenómeno expone la encrucijada del recinto amurallado ante una comunidad que resiente la pérdida de conveniencia económica y que opta por alternativas comerciales en el resto de la capital regional.

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