Camilo Escalona y el valor de una vida dedicada a la política

Esta columna la escribí el día miércoles, cuando Camilo Escalona aún luchaba por su vida. Lamentablemente, este viernes, esa vida se ha apagado. Por eso, estas palabras adquieren ahora un sentido distinto, marcado por la tristeza, pero también por el reconocimiento a una trayectoria política y humana que forma parte de la historia de Chile.
Hay hombres que terminan siendo parte de la historia política de un país. Camilo Escalona es uno de ellos.
Durante décadas ha sido protagonista de la historia del Partido Socialista y de la democracia chilena. Dirigente, parlamentario, presidente del Senado y, por sobre todo, un hombre que ha dedicado buena parte de su vida a la política y al servicio público.
Hoy quiero detenerme en algo que trasciende las diferencias políticas y las legítimas discrepancias que puedan existir. Quiero reconocer su trayectoria.
Lo han hecho también otros actores políticos. El expresidente Gabriel Boric le entregó públicamente su respeto y afecto, mientras la presidenta del Partido Socialista, Paulina Vodanovic, lo ha definido como un referente para su partido y ha destacado el respeto que genera incluso más allá de las fronteras del socialismo.
Ese reconocimiento transversal habla de algo importante. La política puede y debe tener diferencias, pero nunca debiera perder la capacidad de reconocer a quienes han entregado una vida al servicio de Chile.
Camilo Escalona representa una generación política que conoció tiempos muy difíciles, que vivió la dictadura, que participó en la recuperación de la democracia y que posteriormente tuvo la responsabilidad de construir acuerdos y darle gobernabilidad al país.
Por eso sus palabras actuales tienen un peso especial. Escalona ha insistido en la necesidad de cuidar la unidad del socialismo y de las fuerzas democráticas. No desde la idea de que todos debamos pensar igual, sino desde la convicción de que, frente a tiempos complejos, la división puede terminar debilitando aquello que durante décadas costó construir.
Y creo que debemos escucharlo.
Chile enfrenta nuevamente un momento desafiante. También América Latina y el mundo atraviesan tiempos de incertidumbre, polarización y cambios profundos. En este escenario, quienes creemos en la democracia tenemos la responsabilidad de encontrar aquello que nos une.
La unidad no significa renunciar a nuestras convicciones. Significa entender que hay principios que están por encima de nuestras diferencias. La democracia es uno de ellos.
Por eso hoy quiero decir gracias, Camilo. Gracias por su trayectoria. Gracias por sus convicciones. Gracias por su aporte a nuestro Partido Socialista y a la política chilena. Y gracias también por recordarnos que la política no puede reducirse a la pelea del día a día, porque detrás de cada debate existe una historia y detrás de cada conquista democrática hubo personas dispuestas a luchar y jugársela por ella.
Cuando los tiempos se vuelven difíciles, los demócratas debemos ser capaces de encontrarnos.
Y hoy, más que nunca, vale la pena escuchar ese llamado.

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