Durante septiembre se desarrollan distintas iniciativas destinadas a generar conciencia sobre la prevención del suicidio, un tema sensible y complejo que nos invita a reflexionar sobre algo profundamente humano: la importancia de observar, escuchar y acompañar a quienes forman parte de nuestra vida.
Todos los días preguntamos “¿cómo estás?”. Lo hacemos al encontrarnos con un compañero de trabajo, al comenzar una clase, al conversar con alguien de nuestra familia o al saludar a un amigo. Muchas veces recibimos un “bien” como respuesta y continuamos rápidamente con nuestras actividades. Pero quizás pocas veces nos detenemos a pensar si estamos realmente disponibles para escuchar una respuesta diferente.
En educación conocemos calificaciones, asistencia, participación y resultados académicos. En las organizaciones observamos indicadores, cumplimiento, productividad y desempeño. Sin embargo, detrás de cada uno de estos datos existe una persona cuya realidad puede ser mucho más compleja de lo que alcanzamos a observar.
Por eso, prevenir también requiere construir espacios donde las personas puedan expresar lo que sienten sin temor a ser juzgadas, minimizadas o consideradas débiles.
No necesitamos convertirnos en especialistas para preocuparnos por alguien. Podemos observar cambios, acercarnos con respeto, preguntar cómo se encuentra una persona y, principalmente, escuchar. Acompañar tampoco significa tener todas las respuestas. En determinadas situaciones, cuidar será precisamente reconocer nuestros límites y ayudar a buscar apoyo profesional.
Esto adquiere especial relevancia tanto en las comunidades educativas como en los lugares de trabajo. Una cultura verdaderamente preocupada por las personas no se construye únicamente mediante protocolos o declaraciones institucionales. También se construye en las relaciones cotidianas: cuando una jefatura escucha, cuando un compañero se acerca, cuando un docente observa que algo ha cambiado o cuando alguien decide no ignorar aquello que le preocupa.
También necesitamos comprender que detrás de una sonrisa, de un buen rendimiento académico o de un desempeño laboral aparentemente normal pueden existir dificultades que desconocemos. No siempre sabemos qué situación está atravesando la persona que tenemos al lado.
Quizás por eso deberíamos recuperar el verdadero significado de una pregunta tan sencilla como “¿cómo estás?”. Preguntar con tiempo. Preguntar mirando a los ojos. Preguntar estando dispuestos a escuchar.
Hablar de prevención también significa recordar que pedir ayuda no debería ser motivo de vergüenza y que acompañar a otra persona no significa reemplazar el apoyo especializado.
En una sociedad donde muchas veces vivimos apurados y suponemos que sabemos cómo están los demás, detenernos puede marcar una diferencia.
Porque quizás cuidar comienza precisamente ahí: atreviéndonos a preguntar, estando disponibles para escuchar y recordándole a quien atraviesa un momento difícil que no tiene por qué enfrentarlo en soledad.
Si tú o alguien cercano está atravesando una crisis, puedes comunicarte con la Línea de Prevención del Suicidio *4141*, “No estás solo, no estás sola”, disponible las 24 horas.